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En un momento dado, después de comer o por la tarde, nuestro hijo puede atiborrarse con algún producto que le apasione como pueden ser los caramelos, el chocolate, etc. De repente empieza a ponerse pálido y da la sensación de que está abatido e incluso vómita, esto puede ser perfectamente una indigestión.

Los niños tienen la tendencia natural de disfrutar con los dulces, éstos les proporcionan un placer en el paladar que llega a engañar al cerebro, de tal manera que la saciedad desaparece y no paran de comerlos. Es muy importante racionar cualquier dulce que no sea necesario en la alimentación del niño y no dejar que disfrute y se atiborre de lo que le gusta.

Si el niño sufre una indigestión hay que tener paciencia y esperar a que se le pase, ya que no existe tratamiento alguno contra ella y por lo general suele pasarse al cabo de las 24 horas por sí sola. Pero sí podemos ayudar a nuestro pequeño a que tenga menos náuseas proporcionándole una bebida con gas tomada a sorbitos.

Recuerda que cuando los efectos de la indigestión hayan pasado, deberás esperar al menos tres horas para ofrecerle una comida suave, ligera y en poca cantidad, como por ejemplo un poco de arroz blanco.

La mayoría de los niños suelen sufrir en alguna ocasión una indigestión, no pueden controlar igual que los adultos la tentación, bueno, algunos adultos tampoco pueden, pero no es la norma general. Nosotros somos quienes debemos intentar controlar esta situación para evitar que el niño sufra una indigestión, recuerda no dejar los dulces o cualquier alimento que le guste mucho a su alcance, minimizarás los riesgos de que tu hijo pierda el control comiendo y sufra las consecuencias de una indigestión.

Más información | Nlm

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