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Es probable que después del verano veas a tu hijo más alto o que la ropa le ha quedado pequeña antes de lo previsto.

Da la sensación de que el niño ha crecido más rápidamente durante el verano que el resto del año. Pero el conocido como estirón del verano, ¿es un mito o una realidad?

Son diversos los factores que influyen en el crecimiento de un niño. Los genéticos, determinados desde la concepción, influidos por la talla de los padres, el sexo y la raza, y otros externos como la alimentación, el ejercicio, hábitos de vida, las enfermedades que ha tenido, el afecto que recibe (sí, está demostrado que los niños que más afecto reciben crecen más que los que han tenido carencias afectivas) y al parecer, también la época del año, o mejor dicho, el clima.

El crecimiento durante la primera infancia es un proceso homogéneo aunque en algunos períodos concretos puede acelerarse produciéndose un estirón repentino, como a veces sucede en la primavera y el verano. A diferencia de la pubertad, etapa en la cual el niño sufre un crecimiento muy acusado a causa de la acción de las hormonas, cuando hablamos de niños pequeños, los cambios que se producen son muy leves.

El verano es la época del año en la que los niños suelen realizar mayor actividad física, uno de los factores que favorece el proceso de crecimiento.

Según he leído en el libro “Retrasos del Crecimiento” el clima afecta fundamentalmente en la velocidad de crecimiento que se acelera en primavera y verano y disminuye en los meses de invierno. Señala además, que los habitantes de zonas cálidas tienen las extremidades más largas.

He buscado algún estudio que hable del crecimiento de los niños en verano comparado a otras estaciones del año. Por un lado, hay investigaciones que afirman que los niños tienden a aumentar de peso en el verano, debido tal vez al desorden de la alimentación en vacaciones.

Por el otro, hay estudios que confirman que el crecimiento del cuerpo humano es mayor en verano que en invierno siendo el calor uno de los factores determinantes, lo cual reafirma la versión del clima.

Es decir, si como yo, notas que tu pequeño se ha saltado una talla este verano podemos achacarlo a las cálidas temperaturas.

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