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Como nos sucede a los adultos, los niños también sufren el agotamiento propio del cambio de estación. El largo invierno deja lugar a días más largos y calurosos en los que desarrollan mayor actividad, produciendo cansancio generalizado, agotamiento y decaimiento.

En esta época del año los niños suelen estar más caprichosos, de mal humor, fácilmente irritables con crisis de llanto e insomnio. Pero no es sólo culpa de ellos, sino que se debe también a la llamada astenia primaveral.

Es un mecanismo fisiológico pasajero que se desencadena a comienzos de la primavera y desaparece al cabo de unos días o semanas, cuando el organismo se acomoda a la nueva estación.

Para paliar este malestar nada mejor que una buena alimentación y ejercicio. Hay que ofrecerles alimentos que les proporcionen las energías necesarias para sobrellevar el día, sin saltar ninguna de las cuatro comidas diarias.

Las frutas, los hidratos de carbono, los cereales y los lácteos, especilamente la leche, ejercen una acción antidepresiva y elimina la pereza típica de la primavera.

Por supuesto, un buen descanco y la práctica de ejercicio son fundamentales para combatir el cansancio, ya que el sedentarismo favorece la sensación de agotamiento.

Más información | map.es | Ideasana

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