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Dormir es una función necesaria para la salud de cualquier persona, por eso se pueden identificar ciertos desórdenes que provocan que el sueño no se desarrolle con normalidad y puedan afectar a su calidad y a la salud del niño.

No obstante, no se deben considerar desórdenes los despertares nocturnos de bebés y niños, que no solo son normales sino también saludables. Hablamos de otros trastornos que pueden ser más preocupantes, aunque afortunadamente temporales en su mayoría, como las pesadillas o los terrores nocturnos… Otros, como la apnea del sueño o la narcolepsia requieren una atención médica.

Pesadillas infantiles

las pesadillas en los niños son muy frecuentes y son la manifestación inconsciente durante el sueño de sentimientos de inseguridad, ansiedades, miedos o preocupaciones. El niño se suele despertar sobresaltado y recuerda el sueño.

Las pesadillas suelen ocurrir más frecuentemente durante períodos de transición, estrés o cambios de rutina del niño. Tienden a desaparecer espontáneamente, pero algunas cosas que podemos hacer para intentar que no se repitan las pesadillas es estimular al niño a hablar sobre lo acontecido durante la pesadilla, mostrarle imágenes agradables antes de que se duerma (un cuento…), y evitar la televisión u otros juegos antes de acostarse a dormir.

Terrores nocturnos

los terrores nocturnos son más frecuentes entre los tres y los ocho años de edad. El niño está intranquilo, solloza, gime, se le acelera la respiración e incluso en ocasiones se incorpora o se levanta de la cama y corre.

A diferencia de las pesadillas, los terrores nocturnos no provocan que el niño se despierte, y aunque parezca despierto (con los ojos abiertos), en realidad solo se trata de un despertar parcial: está dormido mientras ocurren y no suele recordar lo ocurrido al día siguiente. Los terrores nocturnos son más frecuente en niños cansados, estresados, enfermos… y para intentar prevenirlos podemos hacer lo mismo que en el caso de las pesadillas.

Durmiendo con mamá

Sonambulismo en los niños

el sonambulismo ocurre con más frecuencia a la misma edad que los terrores nocturnos, entre los tres y los ocho años. El niño está entre dormido y despierto y por lo general no recuerda lo ocurrido al día siguiente, aunque, a diferencia de los terrores, no son episodios que les provoquen ansiedad o llanto. Dormir lo suficiente es importante para reducir la frecuencia de los episodios de sonambulismo.

Apnea del sueño

La apnea del sueño afecta tanto a adultos como a niños, hasta un 5% de la población infantil española padece esta enfermedad cuyas características principales son las breves interrupciones de la respiración que se sufren durante el sueño. Se produce con más frecuencia en los niños que comprenden edades entre los dos años de edad y los seis.

Los niños con apnea habitualmente roncan, su sueño es inquieto y pueden manifestar somnolencia durante el día. La causa principal es el aumento del tamaño de las amígdalas. Existen varias formas de tratar la apnea: hay que consultar al especialista para confirmar el diagnóstico y recibir tratamiento.

Narcolepsia infantil

La narcolepsia es un trastorno del sueño que causa somnolencia excesiva y ataques de sueño frecuentes durante el día: el niño se duerme de repente, en cualquier situación, por espacio de unos segundos o minutos, y vuelve a despertar. Por lo general empieza durante la pubertad, aunque puede comenzar antes. Los síntomas narcolépticos a menudo son más graves cuando el trastorno se desarrolla temprano en la vida en lugar de la edad adulta.

Aunque se desconocen las causas exactas, los expertos han comenzado a reconocer que la narcolepsia a veces contribuye a ciertos problemas infantiles de conducta, como el trastorno de hiperactividad y déficit de la atención y deben ser abordados cuanto antes. Si no se diagnostica o se trata, la narcolepsia puede presentar problemas especiales en niños y adolescentes, interfiriendo con su desarrollo psicológico, social y cognitivo.

Como vemos, estamos hablando de trastornos de muy diversa índole, y algunos conllevan riesgos físicos para los niños: los terrores nocturnos y el sonambulismo porque pueden dañarse mientras caminan o hacen alguna actividad semidormidos; y la narcolepsia por el peligro de “caer dormido” en cualquier situación.

Por eso hemos de procurar un entorno seguro en los dos primeros casos (habitaciones y pasillos despejados, determinadas puertas cerradas, protección de escaleras…) y una vigilancia continua en el caso de la narcolepsia, que ha de ser tratada por un especialista.

Hay investigaciones médicas que revelan que un porcentaje elevado de niños sufren algún desorden del sueño, aunque por fortuna la mayoría no son graves y son transitorios. Siempre que tengamos sospecha de alguno de estos trastornos, o notemos que el niño no está descansado durante el día y padece de somnolencia, conviene consultar al pediatra.

Fotos | Lance Shields y The_Vikkodamus en Flickr
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