Para poder votar este post tienes que identificarte o registrarte aquí.
Para votar este post conéctate con Facebook
Connect

Publicábamos ayer la primera entrega de la entrevista que ha realizado Bebés y más al psicólogo Ramón Soler, en la que nos adelantaba una explicación sobre la manera en la que los padres reproducimos la crianza que recibimos, incluyendo azotes, insultos o gritos. Queremos seguir profundizando en esa línea en esta segunda parte.
La mayoría de los padres aman con locura a sus hijos y hacen lo que creen mejor para ellos, pero eso a veces implica que comenten errores y que les hacen daño física o emocionalmente. La mayor barrera es entender, explicarnos y superar que quizá nuestros padres, si nos pegaron o usaron los castigos o amenazas, se equivocaron aunque nos amasen. Y si repetimos sus errores, sin duda, repetiremos el daño que nos hicieron a nosotros.
¿Cómo podemos asimilar que el que nos pegaran no estuvo bien sin por ello negar el amor que nos tenían nuestros padres?
Es una cuestión muy controvertida que debemos resolver si pretendemos ser adultos libres y emocionalmente sanos.
Parece difícil de entender que los mismos padres que nos pegan, nos digan a continuación que nos quieren. Para el niño supone una tremenda contradicción: por un lado, la intuición le dice que el amor no puede ir asociado a los golpes, pero los hechos le demuestran que, los que dicen quererle, le pegan.
¿Y como hacemos para interiorizar lo sucedido y darle cierto sentido?
A medida que crecemos, elaboramos complicadas teorías para tratar de armonizar estos conceptos, al fin y al cabo, siempre nos han dicho que los padres quieren a sus hijos. Pero nuestro yo más profundo sabe que algo no está bien, por eso nos sigue resultando chocante.
Leer más