
En los rostros de los niños no podía caber una pizca más de alegría. La emoción y la gritería inundaron las calles por donde pasaba la Cabalgata de la Magia. Gaspar, Melchor y Baltasar hicieron su entrada en las ciudades españolas repartiendo ilusión entre grandes y pequeños.
Anoche los niños se fueron a la cama temprano soñando con los regalos que Sus Majestades seguramente han dejado en un rincón de la casa. Hoy no pararán de jugar y para muestra mi hijo no ha desayunado y todavía anda correteando en pijamas con su nuevo avión. No hay tiempo que perder, queda mucho por jugar.


