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Hace unos días hablamos del cuento original de “La bella durmiente”, ofreciendo la que se conoce como primera versión escrita y explicando, en un resumen, algunos parajes de la historia que demuestran que como cuento infantil no podría publicarse.

Hoy hablamos de la historia de la Cenicienta, que tampoco sería demasiado adecuado para los niños si les tuviéramos que explicar las primeras versiones.

La historia de la Cenicienta está considerada como el cuento de hadas más popular que existe. Charles Perrault lo escribió en el siglo XVII, pero se cree que en el instante que el autor lo plasmó en papel podría hacer mil años que la historia pasara de generación en generación, tanto en forma escrita como oral.

Charles Perrault hizo posible el cuento que hoy conocemos

La cenicienta que todos conocemos es obra del mencionado escritor, que narra las historias de una joven muchacha que logra asistir a un baile real gracias a la ayuda de una amable hada madrina.

De no haber sido por él, la historia que habría quedado para ser leída por todos (o para haber muerto en el olvido), es una versión escocesa, en que la chica recibe el nombre de Rashin Coatie.

En este cuento las tres hermanastras de la chica le obligan a vestir harapos. No tiene un hada madrina, sino un carnero mágico que, descubierto por la madrastra, es atado y asado.

Rashin Coatie, afligida por la pérdida de su carnero y deseosa de acudir a un baile real pide un deseo ante los huesos del carnero, solicitando un bonito vestido nuevo con el que acudir. El deseo le es concedido y, vestida con un lujosísimo atuendo, acude al baile donde cautiva al príncipe. Al volver a casa corriendo pierde una preciosa zapatilla de raso.

Como el príncipe queda prendado de su belleza decide ir en su búsqueda con la zapatilla como única prueba y se corre la voz de que el príncipe se casará con la dama que demuestre ser propietaria de la misma. La madrastra decide entonces cortar los dedos de los pies de su hija mayor. Sin embargo, se da cuenta de que todavía no es suficiente, que la zapatilla aún no le cabrá, y le corta también el talón.

El príncipe (que debía de ser medio invidente, imagino), acepta a la hermanastra fea, puesto que la zapatilla le va bien, pero más tarde un pájaro le confiesa que el pie oculto en la zapatilla está incompleto y que la bella muchacha que está buscando responde al nombre de Rashin Coatie. El príncipe se casa con ella y viven felices.

A vueltas con el zapatito dichoso

En diversas versiones europeas antiguas del cuento, la zapatilla resultó ser de raso, de cuero o de piel. En el cuento francés que inspiró a Perrault era de piel y fue el autor el que decidió transformar la zapatilla en zapato y cambiar el material por cristal, por ser transparente y por ser inalterable. Este detalle cobró tanta fuerza en el cuento que el título acabó siendo: “La Cenicienta o el zapato de cristal”.

Giambattista Basile también hizo de las suyas

Antes de que Perrault escribiera su cuento, Giambattista Basile, el escritor napolitano que escribió la versión de “La Bella Durmiente” de la que hablamos en la anterior entrada, mostró al mundo su propia versión de la historia, con una Cenicienta llamada Zezolla, víctima de malos tratos desde la infancia.

Este cuento comienza con una infeliz niña que planea el asesinato de su malvada madrastra, acto que acaba cometiendo al romperle el cuello (vamos, que Cenicienta podría considerarse como una asesina infantil). Por desgracia para la protagonista, el padre acaba casándose con una mujer aún peor que la anterior, que lejos de venir sola aparece en casa con seis hijas de lo más malvadas, que obligan a Zezolla a trabajar todo el día en casa y en la cocina.

El hada mágica o el carnero no existen en esta versión, ya que la magia proviene de un árbol mágico, más concretamente una palmera, que ayuda a la chica a ir al baile real con ropas lujosas, un caballo blanco y doce pajes. A medianoche la chica desaparece dejando como única muestra de su existencia una zapatilla vacía.

Y la primera versión escrita podría provenir de la China

Se cree que la versión más antigua de este cuento aparece en un libro chino escrito ente los años 850 y 850 d.C. La chica, de nombre Yeh Shen, es maltratada por su madrastra y su hija, tan malignas como las de las otras versiones, que la obligan a sacar agua de pozos muy profundos y peligrosos. Además, para torturarla, le hacen calzar zapatos muy pequeños mientras hace sus tareas, haciendo que sus pies queden tan pequeños que su verdadero nombre quede atrás para adoptar el ya mencionado Yeh Shen, que quiere decir Pies de Loto.

La muchacha guarda un pez mágico de tres metros de longitud en un estanque junto a su casa pero la madrastra, que acaba por conocer el secreto de su hijastra, se hace pasar por ella, poniéndose sus ropas, engaña al pez y lo mata, para luego descuartizarlo y servirlo en casa anta el llanto de la joven.

Así llega el momento del baile y Yeh Shen, deseosa de poder acudir, formula un deseo ante las espinas del pez, cumpliéndose al instante.

La chica va a la fiesta, donde no hay príncipe enamoradizo como es constante en las otras versiones. Sin embargo, el hechizo tiene hora de caducidad y al correr huyendo pierde una zapatilla de oro, que por casualidad, acaba en manos del mercader más rico de la provincia, que lo acaba vendiendo al Rey. Éste decide conocer a la dueña de tan valioso zapato, pues decide que será su reina. Inicia una búsqueda en la que la hermanastra se amputa los pies para que el zapato le entre, sin éxito.

Una noche, Yeh Shen entra en palacio para recuperar el zapato, pero la descubren sin creer que una criada pueda ser la dueña. El Rey, que piensa lo mismo (las apariencias engañan), queda asombrado cuando, al ponerse los dos zapatos, los harapos de la chica se transforman en preciosas ropas dignas de una reina. El Rey se enamora de ella y se casan y la madrastra y su hija son encerradas en una cueva hasta que un alud de piedras acaba con ellas.

Más información | Wikipedia, Can Fusté
En Bebés y más | La versión original de “La Bella Durmiente” sería poco recomendable para los niños

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