Sigue a Bebesymas

LM

Unas expresiones muy extendidas para hablar de la manera en la que se ha criado al bebé son las de “éxito o fracaso de la lactancia”. Hablamos de la lactancia en términos de éxito y fracaso, yo la primera, como vimos hace poco en el post “Cómo ser testigo pasivo del fracaso de una lactancia”.

Sin embargo allí ya os adelantaba que no me gustaba demasiado esa terminología, que por otro lado viene muy bien para transmitir a qué nos estamos refiriendo. Pero hay un componente importante del lenguaje, la connotación o el significado inferido, implícito, que hace que esos términos transmitan y digan mucho más.

Porque inevitablemente el éxito (la palabra “éxito”) va asociado a lo bueno y el fracaso (la palabra “fracaso”) a lo malo, y es fácil dejarse llevar por la implicación: éxito – bueno – buena madre o fracaso – malo – mala madre.

Pero veamos en principio por qué hablamos de éxitos y fracasos y qué puede tener de negativo esta terminología.

Una sociedad de éxitos y fracasos

En esta sociedad en la que todo se mide con baremos de éxito en la que uno (un niño, una mujer, un adulto) es mejor cuantos más avances haga, cuanta más nota consiga, cuantos más logros tenga en su trabajo… pues es lógico que el tema de la lactancia también se mida así.

Pero yo os animo a no pensar en éxitos y fracasos, y os lo digo sabiendo que no es fácil y con la experiencia de haber llorado de rabia e impotencia cuando me sentí fracasar. Puede sonar extraño, teniendo en cuenta que a mis hijas las amamanté más allá del año a la primera y de los dos años a la pequeña.

Pero con las dos tuvimos que recurrir a la leche artificial antes de los seis meses, todo un fracaso en mi escala del “reto” perfecto: lactancia materna exclusiva hasta los seis meses.

Pero creo que ahora, desde la distancia me lo tomaría con más calma. Tal vez el éxito fuera que las niñas por fin cogieran peso después de un mes de estar estancadas e incluso perder algo de peso. Ya os he contado en alguna ocasión es probable el hecho de que mis hijas durmieran tantas horas seguidas podría haber influido en la disminución de leche. Busqué mil y una explicaciones a ese “fracaso” porque me hacía sentir mal…

Y esto sucedió hacia el cuarto y quinto mes de las niñas, a muchas mujeres les sucede tras el parto. Cuando su idea es amamantar al bebé desde que nace, y algo sale mal.

Ángeles y demonios

El miedo a fracasar

No me gusta dar consejos que no me han pedido, pero si algo les he dicho a mis amigas que iban a tener un bebé es: paciencia con el tema de la lactancia. Paciencia, paciencia, paciencia, porque al principio podría no ser tan fácil o bonito como esperábamos. Esto mismo le hubiera dicho a la madre que dejó de intentarlo en el hospital, de lo cual fui testigo pasivo como os conté.

Incluso, puede que todo nos fuera mejor si no sintiéramos esa presión del éxito y del fracaso, porque estamos más tranquilas, confiamos más en nosotras mismas. El miedo a fracasar nos puede bloquear, pero hemos de hacer un esfuerzo en pensar que no fracasamos, del mismo modo que no lo hace el bebé.

Soy la primera que probablemente siga hablando de éxitos y fracasos de lactancias, pero lo haré con más cuidado. Porque después de haberlo pensado me gustaría que más mujeres sintieran la lactancia como algo natural y no en términos de triunfo o derrota, y no sufrieran tanto si algo no salen como esperaban porque piensan que han fracasado.

Buenas y malas madres

No han fracasado como madres, ni otras han tenido más éxito en ese sentido. Los términos “fracaso” y “éxito” nos llevan inevitablemente a lo “malo” y lo “bueno”, y esa dicotomía es peligrosa, es engañosa. Y de este modo llegamos al otro extremo de este asunto, porque esas implicaciones, esos significados secundario asociados a las palabras, nos hace enfrentarnos ridículamente, como he percibido muchas veces en distintos foros:

“Yo soy mejor madre porque le he dado teta a mi bebé y ella no. Yo he triunfado. Mi lactancia ha sido un éxito”.

No estoy diciendo que alguien comente esas palabras literalmente, pero la implicación fracaso-mala madre es como hemos explicado automática, subconsciente, y lo mismo sucede al contrario. Imagino que por eso muchas mujeres se ven atacadas, se sienten atacadas, cuando se habla en esos términos.

Y esto aunque no sea la intención del emisor atacarlas, que doy por supuesto que suele ser así, y de hecho en el blog usamos a menudo esos términos.

Pero tenemos que ser conscientes de que una buena madre tiene muchas cualidades y estas no están reñidas con el biberón, del mismo modo que no van implícitas a dar pecho al bebé. Y aquí entraríamos en del debate de qué es una buena o una mala madre, si hay unos “estándares” universales o no… Pero esa es otra cuestión.

En definitiva, espero haber explicado por qué hablar de éxitos y fracasos de la lactancia puede en ocasiones conllevar ideas secundarias que afectan de uno u otro modo a las mujeres. Somos dueños de nuestras palabras, pero no olvidemos que estas tienen mucho más poder del que pensamos.

Fotos | Christy Scherrer y Oneras en Flickr
En Bebés y más | ¿Es mejor madre aquella que cría con apego?, Lactancia y pecados capitales

Los comentarios se han cerrado

Ordenar por:

1 comentario