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La forma de jugar está cambiando y de eso saben bien los abuelos. En el pasado en muchas familias los juguetes eran un lujo.

Una amiga nativa de una aldea gallega me ha contado que la primera vez que vio un juguete fue a la edad de ocho años: una muñeca; regalo de una tía que venía de la ciudad y su madre ante aquel preciado objeto dispuso colgarla en la pared para que no se estropeara, pero no tener juguetes no le impedía jugar, allí estaban los juegos tradicionales o populares como también se les conoce a merced de quien quiera jugarlos.

Muy a pesar de los cambios de nuestro tiempo hay juegos que se resisten a morir, juegos que han sido transmitidos de generación en generación y hasta han llegado a expandirse a diferentes países con variables que los mismos niños inventan dependiendo del entorno cultural. Juegos como la gallinita ciega, a la víbora de la mar, arroz con leche, tula o pilla pilla, saltar la cuerda, el escondite; en los cuales no se necesita más que un grupo de niños dispuestos a pasarla bien y a compartir.

Estos juegos estimulan la imaginación, la sociabilidad, facilitan la comunicación, y recrean el lenguaje. Son juegos reglados a los cuales los niños deben someterse, aspecto muy positivo para la autorregulación, el respeto y la convivencia. El cuerpo es el instrumento para jugar: los niños corren, bailan, trepan, saltan, estimulando y desarrollando sus destrezas motoras.

Los hay también en los cuales se construyen los juguetes como la perinola, los cometas, el trompo o peonza. O también aquellos en que un objeto cotidiano y sencillo se recrea como en el juego del pañuelo, el juego de las piedrecitas, el palito mantequillero o las tabas.

Muchos de estos juegos tienen un remoto origen y se han conservado a través de los siglos. Según Miguel Cardona autor del libro “Algunos juegos de los niños de Venezuela” la señorita X, un juego popular en muchos países de Latinoamérica es una supervivencia del baile popular español del siglo XVI conocido como La Jerigonza. La “vieja”, también llamada “rayuela”, “semana”, “pisé” o “infernáculo”, se juega en diversos países con ligeras variaciones, y aún cuando no se conoce su origen hay testimonios de que era enseñado por los soldados romanos a los niños, durante la expansión del imperio. Los volantines, petacas, cometas o papagayos es de origen oriental y el juego de las canicas se remonta al antiguo Egipto.

Lo cierto es que los juegos y juguetes tradicionales son una valiosa aportación cultural para el desarrollo lúdico en la infancia. A diferencia de los juguetes de hoy en día, están allí disponibles para todos, sin distinción de categorías sociales. Son un patrimonio universal que no debemos dejar desaparecer.

Más información | Las virtudes de los juegos tradicionales
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