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A los peques les encanta el agua, y el verano es la época del año ideal para disfrutar de divertidos días en la piscina con nuestro bebé.

A través del agua podrás estimular a tu bebé con juegos y practicar ejercicios para fortalecer sus músculos.

Si es el primer contacto de tu bebé con el agua debes ser muy cautelosa y darle confianza antes de zambullirlo dentro de la piscina. Hay que tener un poco de tacto en este sentido e ir mojándolo de a poco para que no se asuste.

Lo más importante es que el bebé se sienta cómodo y seguro con la persona que está con él dentro del agua. Cuando confía se siente protegido y sabe que nada puede sucederle. De esa manera, evitaremos que le coja miedo al agua.

Al principio tampoco meteremos la cabeza del bebé debajo del agua, pero puedes mojársela con una regadera o con tus manos para que sienta como “una lluvia” que le cae por la cara. Así se irá acostumbrando.

Una vez que el niño se sienta seguro, puedes darle un poco más de libertad, pero nunca le quites el ojo de encima. Igual que si lo pones en un flotador, no dejes de mirarlo porque podría escurrirse por el agujero o darse la vuelta.

En cuanto a los ejercicios, si el bebé camina, podemos llevarle de la mano a dar una caminata por la piscina (por la parte bajita o las escaleras) para fortalecer los músculos de las piernas.

En cambio si todavía no se mantiene de pie, puedes ponerlo boca abajo sujetándolo del pecho y entre las piernas. El bebé intentará mover las piernas y a la vez estará fortaleciendo los músculos de la espalda y el pecho.

Cuando acabe la sesión de juegos y ejercicios, saca al bebé de la piscina y sécalo inmediatamente con una toalla. Quedará fresquito y seguro que por la noche duerme como un rey.

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