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Jugar al aire libre es una de las actividades preferidas por los niños, sobre todo a partir de los dos años, cuando empiezan a adquirir autonomía e investigan por su cuenta. Para ellos la palabra parque viene a ser algo mágico, ya que pueden relacionarse con un montón de niños, practican nuevas habilidades, juegan, corren, etc.

Pero hay que tener cuidado con los parques infantiles, que las instalaciones del parque se encuentren en perfecto estado y sin riesgo ninguno para nuestros hijos. No hay leyes de obligado cumplimiento para con los parques, por eso es muy importante acompañar siempre a los niños y supervisar sus juegos.

Para que un parque cumpla mínimamente las normas adecuadas, debe estar a más de 30 metros del tráfico rodado y tiene que estar vallado para que nuestros hijos no puedan acceder a la calzada con facilidad. No puede circular ningún tipo de vehículo, ni tan siquiera bicicletas o patinetes.

El suelo del parque debe ser de un material blando para que amortigüe el golpe en caso de caída y la arena tiene que estar removida y limpia. Los columpios, toboganes y balancines tienen que estar fabricados con materiales que no sean tóxicos y mucho menos conductores de electricidad, que no desprendan astillas o restos que puedan infringir algún daño a nuestros hijos.

Los más pequeños, deberían disponer de algunos elementos de juego con un tamaño menor y sobre todo, especiales para ellos, pero igualmente debes ayudar a tu hijo a subir y bajar de los elementos de juego. Los columpios deben de ser tipo pañal y que tengan dos huecos para introducir las piernas, así protegeran totalmente el cuerpo del niño.

En cuanto a los carruseles, tienen que estar suficientemente separados del resto de los elementos de juego, así se evitan tropiezos. Toda precaución es poca con la vida de nuestro hijo, un accidente se puede presentar de la manera más tonta y debemos intentar evitar todos los puntos posibles de riesgo.

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