
El bebé tiene un año, un año en el que hemos aprendido juntos a vivir, jugar y soñar y en el que el bebé ha pasado de ser totalmente dependiente de sus padres a querer explorar mundo gateando, mordiendo y tocando todo lo que se cruzaba en su camino.
Llega uno de los momentos más especiales e importantes en su desarrollo: sus primeros pasos.
Ha transcurrido un año y el bebé ha logrado controlar su cuerpo y moverlo con rapidez, girar sobre sí mismo, sentarse, gatear, agacharse para coger un juguete y mantenerse sobre sus dos pies ¿no merece eso no una medalla de oro sino mil?
Su siguiente reto que ocurrirá en los siguientes meses (dependiendo de cada bebé, su genética y los estímulos que recibe para echar a andar en la vida) es dar sus primeros pasos cortos buscando el apoyo de objetos inanimados (los muebles) y animados (los papis). En esta titánica labor encontrará numerosos obstáculos para lograr alcanzar la meta, sus propios tropiezos, pero su tesón y deseos de independencia le convertirán en el atleta con mayor posibilidad de medallero.
Alrededor de los veinte meses será capaz de sostenerse sobre un único pie sin desequilibrarse, subir y bajar bordillos y lanzar una pelota con ambas manos. Y nosotros, mientras eso ocurre, estaremos con nuestra boca abierta contemplando cómo nuestro bebé dependiente y frágil es ya todo un campeón.
¿Qué podemos hacer en esta etapa de la vida para motivarle, ayudarle y guiarle por el camino por el que desea comenzar a andar? Una vez que el niño camina con relativa seguridad apoyándose en los muebles, un andador que empuje a la velocidad que desee, mejore su estabilidad, su fuerza en piernas y caderas y su motricidad gruesa, será el compañero ideal en la carrera.

Un detalle importante a la hora de elegir el andador es su resistencia, su base y su peso para que puedan afianzar el equilibrio del niño y no se de de bruces al primer cambio de ritmo. Es muy estable y resistente y gracias a su gran asa el pequeño se sentirá seguro y cómodo al empujarlo.
Él se sentirá arropado y seguro y nosotros emocionados al contemplar como estos pequeños pasos de nuestro hijo son grandes pasos para nuestra humanidad.