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Aprendemos juntos el primer mes: de ositos y sueños móviles

Aprendemos juntos el primer mes: de ositos y sueños móviles
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Qué apasionante y apabullante es la llegada del nuevo bebé a la familia. Recuerdo el primer día como si fuera ayer, con esa inocencia y desconocimiento de los primerizos que nunca habían visto un pañal. Y el día B (de bebé), el nuevo ser está en tus brazos, las enfermeras te lo dejan como si supieras algo de la vida, su vida, y tú te quedas con cara de lela porque no sabes ni por dónde empezar a vivirla.

El segundo día ya piensas: sí, te cambia la vida, pero para mejor.

La dulce llegada

Pero no sólo eso, también piensas ¿pero cómo era mi vida de antes? De ese antes sólo han pasado dos días o un mes pero ya ni la recuerdas porque lo que tienes ahora es infinitamente mejor, aunque duermas infinitamente menos. De la llegada de un bebé todo es una aventura y un cierto regreso a tu infancia: oler su piel, comprar su ropita, adornar su habitación y comprar los juguetes, aquellos objetos que recuerdas, tan bien como si fuera ayer, pero que en tu caso han pasado 30 años desde que los dejaste de lado.

Pocas cosas hay tan entrañables como decorar su habitación y comprarle los juguetes que le acompañarán. Y pronto te das cuenta de que pocas cosas son tan urgentes como saber qué comprar para hacer sus noches más placenteras.

Enseguida aprendes, y te quedas de piedra, que el primer mes el bebé agradece que le cubras con una manta como un rollito, los sonidos de una aspiradora o un ligero movimiento, desde mecerle hasta pasearle en coche. Todo ello le acerca a sus confortables nueves meses en el útero (son sonidos y sensaciones similares a cuando estaba dentro) y logras que el cambio no sean tan grande.

Hasta el cielo y más allá

Cuna ositos

Has de ingeniártela con un hecho que te deja anonadada; él no puede darse la vuelta, ni sujetar la cabeza, su única postura posible es la de estar tumbado.

Ay ¡cuánta preocupación! Por si la cabecita se le deforma, por si le duele la espaldita y porque entiendes que estar mirando al techo sin poder moverse debe ser una forma de aburrimiento más letal que ver en la televisión una sesión parlamentaria en domingo.

Si nosotros para no caer en un mortal aburrimiento y despertar la imaginación acudimos a la música, el cine o el puenting ¿qué podemos hacer en su caso? Lo obvio: ha de ser algo que ocurra en dirección al techo (en caso contrario no lo verá), que le produzca diversión, calma y entretenimiento y a la vez le pueda adormecer placenteramente y demostrarle que salir del útero a la vida no es tan horrible como le pudiera parecer cuando el cachete resonó en su culete.

¿Cuál es la mejor “arma” de la que podemos surtirnos? Sin duda un proyector que refleje imágenes en el techo, que se mueva y despierte su imaginación. Eso unido a tus caricias, tu sonrisa y tu voz serán el mejor modo de hacerle llegar al mundo. Durante los primeros meses su vista es limitada, pero no su oído y aunque no distinga claramente lo que se mueve sobre él, cuando lo haga, la sensación de descubrimiento y de aventura será el mejor viaje que podrá hacer con su escasas semanas de vida.

Los ositos se mueven, el bebé aprende

movil Fisher

El móvil de ositos mimosos proyecta imágenes de mariposas y hojas luminosas en movimiento en el techo y la lamparita se enciende y se apaga suavemente. Se emiten cinco relajantes melodías musicales y dulces sonidos de la naturaleza mientras las mariposas y ositos se suspenden suavemente sobre la cabeza. Se puede elegir entre cuatro opciones de luz distintas: proyección en el techo, lamparita, ambas al mismo tiempo o con las luces apagadas. Y además ¡control remoto! Las modernidades de ahora dejan de piedra a las madres de antes: el control remoto permite volver a activar el móvil sin molestar al bebé.

Y cuándo el bebé se hace mayor y ya puede ponerse de pie y alcanzarlo, el móvil puede convertirse en una lamparita para que los dulces sueños de mariposas le acompañen a lo largo de toda su infancia.

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