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En la mente de las personas que no han pasado por ello suele haber dos tipos de embarazadas: las felices y las deprimidas, una visión fruto en muchas ocasiones de lo que nos muestra la publicidad y el cine. Especialmente predomina una visión de la embarazada feliz porque espera con ilusión un hijo.

No negaré, que, salvo en el caso de embarazos no deseados, exista esa ilusión. Pero, ¿se puede esperar un hijo sin estar feliz? ¿Es posible, y, más importante, es normal que nuestro embarazo no sea tan bonito como esperábamos? La mujer puede llegar a incrementar su malestar si piensa (o le hacen creer) que no es normal que su estado de ánimo no sea óptimo.

Pero los cambios de carácter durante el embarazo son habituales, ya que los cambios hormonales revolucionan nuestro cuerpo, y probablemente nuestros sentimientos sean un tíovivo que pasa por momentos dulces y amargos, por momentos críticos y tranquilos.

Sentirse mal con una misma es normal, y puede ser debido a muchas razones, desde las más físicas a las más psicológicas. Una mujer puede pasar un mal embarazo porque tiene náuseas u otras molestias asociadas al embarazo, porque tiene miedo ante lo desconocido, porque le preocupa la nueva responsabilidad, porque no está tan estupenda como las embarazadas de los anuncios…

Precisamente el aspecto físico de la embarazada suele causar malos sentimientos en las futuras mamás, que ven cómo su cuerpo sufre una revolución y cambios inesperados. Por eso es importante informarse bien de cuáles pueden ser esos cambios, para que no nos pillen por sorpresa (entonces es más difícil entenderlos) y los acepten con naturalidad como algo (habitualmente) pasajero.

Manchas en la cara o cloasmas, estrías, tobillos hinchados, kilos de más (tal vez demasiados)… son algunos de los “efectos colaterales” de los que no te hablan los anuncios.

Pero chica, si deberías estar feliz…

Sentirse mal durante el embarazo es normal, pero tu entorno te hace ver que no, y que tú eres la que (sí o sí) deberías cambiar tu “actitud” porque el embarazo es una etapa muy bonita de la vida. Pero no hablamos de actitud, sino de sentimientos.

Que te digan que “deberías estar feliz” (y no sólo lo hacen familia y amigos, es la imagen que, como decíamos al principio, se ofrece de las embarazadas en los medios de comunicación) no ayuda en absoluto a la embarazada sino que la puede sumir aún más en un sentimiento de culpabilidad.

Este hecho puede llevar a que la embarazada oculte su situación, lo cual incrementa el malestar, ya que es sano decir que se está pasando un mal embarazo, y el entorno debería respetar este sentimiento y apoyar a la mujer en lo posible.

Por supuesto, la mujer también puede intentar mejorar su estado de ánimo, no postrándose en la cama, lo cual podría llevar a un estado depresivo, claramente perjudicial tanto para la madre como para el futuro bebé.

A no ser que haya una contraindicación médica, el ejercicio moderado de la madre en muy beneficioso para el estado físico y psicológico de la madre.

La embarazada también puede pensar que probablemente en unas semanas su estado anímico cambie, pero que no sucede nada si no es así, incluso hasta el final del embarazo. Normalmente, cuando llega el bebé, aunque sea tan tópico, “todo lo malo se olvida”. Si no es así y persisten los síntomas de malestar, se debe acudir a un especialista para no caer en una depresión postparto.

Disfrutar del tiempo libre buscando actividades placenteras de ocio, compartir las experiencias en un grupo de preparación al parto, ocuparse del propio bienestar descansando, haciendo clases de yoga o relajación, hablar con la pareja y la familia… contribuirán al bienestar de la futura mamá y a que las molestias o malos tragos de un embarazo que no es tan bonito como pensábamos no nos superen.

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Casos extremos

Si bien en general que una mujer no sienta que su embarazo es bonito es normal y suele ser pasajero o no afectar a la salud de madre ni bebé, sí hay casos extremos que deberían recibir ayuda especializada, como es el caso de la madre con depresión diagnosticada.

Para algunas mujeres el embarazo puede significar un período de angustia y depresión difícil de sobrellevar. La depresión de la madre podría dar lugar a hijos más pequeños, adelantar el parto, tener niños más irritables…

Algunos síntomas de depresión son tristeza persistente, cambios repentinos de humor, sentir que nada es divertido, tener falta de concentración, ansiedad, irritabilidad, problemas para dormir, cansancio extremo, trastornos alimentarios como deseos de comer en todo momento o no comer nada… Si una mujer padece varios de estos síntomas de manera persistente debería pedir ayuda médica para que haga un diagnóstico correcto.

Existe otro fenómeno denominado tocofobia o miedo irracional al embarazo y el parto, sufrida por cerca de un 3% de las mujeres. Normalmente es una fobia que desarrollan las mujeres que nunca han tenido hijos, pero también puede darse en otras con hijos o mujeres embarazadas.

En este caso, como en el anterior, se debe buscar ayuda psicológica, la comprensión de la pareja y el apoyo de la familia, que son fundamentales para intentar superar el miedo irracional al embarazo y al parto que sufren y que les podría llevar incluso a intentar hacerse daño.

En definitiva, aunque muchas para mujeres el embarazo puede ser una etapa maravillosa, no debemos pensar que cuando el embarazo no es tan bonito como te imaginabas estás atravesando una rareza. El entorno debería ser comprensivo con estas mujeres y ayudarlas en lo posible para que se sientan mejor.

Foto | Mitya Kuznetsov en Flickr
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