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Cuando acudes a Facebook porque necesitas hablar de la pérdida de tu bebé y 26 personas se borran de tus amistades
Embarazo

Cuando acudes a Facebook porque necesitas hablar de la pérdida de tu bebé y 26 personas se borran de tus amistades

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En Bebés y más hemos hablado en múltiples ocasiones de las pérdidas perinatales, las que suceden durante la gestación, en el parto o poco tiempo después del nacimiento. Lo hacemos porque a fuerza de repetir el mensaje es más probable que la sociedad empiece a dejar de tratar este tema como si de un tabú se tratara.

Tabú, sí, porque seguimos huyendo de las emociones negativas, sobre todo si el problema no es nuestro. Huimos de un modo tal, que hoy he podido leer la historia de una mujer que después de perder a su bebé pensó que podría aprovechar las redes sociales para hablar de ello y perdió 26 amigos, que no querían leer lo que decía.

Le puede pasar a cualquiera

Y lo cierto es que algo así le puede pasar a cualquiera. Por desgracia, es más común de lo que la gente cree. Más común de lo que creen aquellos a los que nunca les ha sucedido, y más común de lo que creen aquellos que sí han perdido un bebé.

Lo que pasa es que no se habla de ello porque la gente no sabe escuchar, no sabe cómo apoyar, no sabe qué decir, y se acaba convirtiendo en un tema controvertido. Así, cuando quien necesita hablar encuentra resistencias, ve que la gente desaparece de su alrededor o solo recibe mensajes que tratan de minimizar su dolor, acaba por preferir no hablar de ello.

¿Minimizando el problema?

Así es. Funcionamos así. Estamos tan poco conectados con nuestras emociones, tan anestesiados del dolor propio y ajeno, de las cosas negativas, que en vez de afrontarlas intentamos eliminarlas de nuestras vidas encapsulándolas de algún modo o poniendo paredes o barreras. El pensar que no mirando el problema desaparece, que dándole la espalda queda resuelto.

Somos así porque el mundo nos ha hecho así. Porque desde pequeños nos han enseñado a esconder por completo nuestras emociones negativas, y porque desde el principio nos enseñaron que nuestro dolor no importa, que a nadie le importa. Cuando nos hacíamos daño, nos decían rápidamente que no había sido nada, que no lloráramos. Cuando le decíamos a mamá que la profesora nos trataba mal, nos decía que era muy buena y que nos quería mucho. Cuando explicábamos que había niños que nos hacían daño, los padres convenían que eran cosas de niños y que no pasaba nada, aunque sintiéramos que el otro niño iba a acabar con nosotros. Cuando contábamos que un profesor pegaba nos decían que no sería para tanto, o que los niños a los que pegaba habrían hecho algo para merecerlo. Cuando decíamos que una chica nos había roto el corazón nos decían que éramos muy jóvenes y que qué sabíamos nosotros del amor.

Y así acabamos por normalizar cosas que de niños no nos parecían normales. Y así acabamos por hacer lo mismo: minimizar, dudar siempre de la víctima y pensar que el agresor quizás tenga una explicación plausible; huir de las personas que se quejan demasiado; llevar por bandera el “Oye, todos tenemos nuestros propios problemas”; y decir a una mujer que ha perdido su bebé que no pasa nada, que eso le pasa a muchas.

Que no pasa nada

Eso mismo, que no pasa nada, que es muy común, que muchas han sufrido uno o más abortos y no van por el mundo llorando ni quejándose, que pasan página enseguida, que son conscientes de que son jóvenes y que oye, si no salió adelante es porque no tenía que nacer; y mejor ahora que más tarde… incluso mejor ahora que acababa de nacer, que más mayor cuando ya le tendrías más cariño.

Pérdida perinatal

Un mensaje que entra poderoso en la mente de la que sufre, que se siente totalmente incomprendida y que no solo llora la pérdida de su bebé, sino que también llora por sentirse débil y afectada, como rota por dentro, como frágil, porque todo el mundo le dice que por eso no se llora mucho tiempo, que hay cosas mucho peores.

Y claro que hay cosas peores. Siempre hay cosas peores. Pero eso no quita que para cada uno de nosotros nuestros problemas sean importantes. Si no, toda la población mundial debería callar menos una persona, la que de verdad vive lo peor de todo.

Claro que pasa

Así que si has sufrido una pérdida, no te sientas mal por sentirte mal. Debes permitirte llorar, y debes poder encontrar a personas que quieran y sepan escuchar. Créeme que las hay. Busca, explica, habla cuando lo necesites y llora cuanto haga falta, porque la pérdida es lo que es, el adiós a un bebé al que le estabas preparando un “HOLA” como una casa.

Y si eres de los que conoce a alguien que ha sufrido una pérdida, entiende lo que siente. No lo minimices, no seas paternalista, no le digas lo que debe o no sentir porque es ella la que lo ha vivido. Solo escucha, si te quiere hablar, y abraza, si quiere hacerlo. Porque una de las mejores maneras de seguir adelante (que no superarlo, porque esto no se olvida nunca) es que la persona pueda trabajar su dolor hablando de él, sintiendo comprensión y apoyo, recibiendo el cariño de personas que no restan, sino que suman.

Foto | iStock
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