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Cinco sentimientos normales si tienes un embarazo de riesgo

Cinco sentimientos normales si tienes un embarazo de riesgo
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Siempre deseamos lo mejor para los nueve meses de embarazo pero en ocasiones nuestras expectativas se ven truncadas por una noticia inesperada: tener un embarazo de riesgo. Y lo saben muy bien las mujeres que han pasado por ello. La tranquilidad y la ilusión de un embarazo "normal" es sustituida por la ansiedad y los cuidados médicos constantes, cuando no el reposo o la hospitalización.

Las circunstancias pueden ser muy diferentes de unas mujeres a otras, pero con toda seguridad existen unos temores comunes, unos sentimientos normales ante un embarazo de riesgo que es bueno conocer y compartir, porque a menudo hablando de ellos disminuye la sensación de miedo, de soledad e incomprensión frente a una situación complicada. Veamos cómo entender y superar estas situaciones.

Qué siente la mujer ante un embarazo de riesgo

  • Ansiedad, preocupación continua por la vida del bebé, tanto que en ocasiones este sentimiento no da lugar a preparar la llegada del pequeño o simplemente no se quiere imaginar cómo será cuando nazca porque existe miedo a la pérdida del bebé. La pérdida del bebé es uno de los miedos más comunes de la embarazada y evidentemente en este caso el temor se acrecienta. Lo mejor para reducir este sentimiento es estar bien informada sobre lo que nos sucede, acudir a todas las revisiones médicas siguiendo los consejos para no incrementar o reducir los riesgos y compartir nuestros miedos con la pareja y otras madres que estén en una situación similar.

  • Resentimiento ante las circunstancias, ante sí misma (¿por qué planifique este embarazo?) y ante la propia pareja por haberse embarcado en una situación tan complicada que no ha ido como esperábamos. El resentimiento surge sobre todo si la actividad cotidiana de la mujer se ha detenido, si la inactividad hace mella en una persona activa e independiente que de repente se ve recluida. También se da sobre todo en el caso de embarazos no planificados, por no haber llevado el cuidado suficiente...

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  • Culpabilidad. ¿Qué he hecho para que saliera mal? ¿En qué he fallado? Cualquier detalle puede parecernos la causa de que el embarazo sea de riesgo, pero hemos de intentar alejar esa idea infundada que simplemente nos hará más daño y no facilitará que llevemos un embarazo saludable mentalmente. La culpabilidad también puede venir por el hecho de que el reposo impida que la mujer realice sus obligaciones laborales o familiares, que no pueda cuidar como quisiera de los hijos mayores... En este caso la ayuda de la pareja y de la familia es primordial para reducir ese perjudicial sentimiento de culpabilidad.

  • Aburrimiento. Otra de las consecuencias que puede dejar un embarazo de riesgo en el caso de tener que guardar reposo es el aburrimiento, la ociosidad forzada a la que se ve sometida la mujer, que puede llegar a desesperarse. Además, este no tener nada que hacer llenará su mente de otros sentimientos como la ansiedad o la culpabilidad, de modo que hay que intentar, en la medida de lo posible, alejar el aburrimiento. ¿Qué te gusta hacer y te lo permite tu nuevo estado? Ver cine, escuchar música, leer, escribir, hacer pasatiempos, manualidades, tejer, charlar con los amigos...

  • Otro modo de ansiedad y presión muy frecuente en los embarazos de riesgo se da en el ámbito familiar y financiero. La situación con la pareja puede no estar pasando por su mejor momento y a menudo no se encuentra espacio para la comunicación y la intimidad, ámbitos que habría que intentar recuperar (en la medida de lo posible). Los posibles problemas económicos al no poder trabajar, ver reducido el sueldo o los elevados gastos derivados de esta situación suponen una carga que también afecta a la vida de la pareja.

En definitiva, estos son sentimientos comunes frente a un embarazo de riesgo. La clave en que no nos afecten de manera que caigamos en una depresión es conocer que son habituales (¡y pasajeros!) aceptarlos, compartirlos y en el caso de que nos afectaran tanto que tuviéramos ideas perjudiciales para nuestra salud o la del bebé, consultarlo con el médico para recibir ayuda.

Por supuesto, en este punto (como en tantos otros) es primordial el apoyo del entorno próximo de la embarazada y no dejar pasar las señales de que la mujer está cayendo en un bucle complicado en el que estos sentimientos dejan de ser "normales" para ser peligrosos y constituir un riesgo en sí mismos.

Fotos | iStock
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