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Que hacer si un niño pega o muerde

Hace tres días os explicamos que un niño de quince meses ha sido expulsado de la guardería una semana por morder a sus compañeros. La medida la criticamos todos, lectoras incluido (digo lectoras y no lectores porque sois mayoría), porque está claro que expulsar a un niño no le enseñará a dejar de morder.

Que un niño de uno o dos años muerda o pegue a otros niños es normal. Suele suceder porque en casa se relacionan así con el niño (no mordiéndole, pero sí pegándole en algún momento) y suele suceder porque el niño decide probar esa estrategia de relación por iniciativa propia y ve que le funciona, que le gusta o que no se le ocurre cómo hacerlo mejor.

Que sea normal (y con normal no digo que lo hagan todos) no quiere decir que no haya que hacer nada, porque hacer daño no es un modo de relacionarse saludable ni lógico. Por eso hoy vamos a tratar de explicar qué hacer y qué no hacer si nuestro hijo muerde o pega.

Expulsarle una semana

La primera de las opciones, que no la mejor, es la adoptada por la directora de una guardería y por el concejal de Educación de la ciudad, mostrando ambos tener pocos recursos educativos al disparar a un mosquito con una bala de cañón. La medida es excesiva se mire por donde se mire y por eso el otro día le dedicamos una entrada y la consecuente crítica.

No hacer nada, son cosas de niños

Como hemos dicho, es normal que los niños peguen y muerdan porque están empezando a relacionarse con otros niños y otras personas y, simplemente, no saben muy bien cómo hacerlo. A veces lo hacen porque sí y a veces lo hacen con una intención, como mostrar enfado o para intentar conseguir algo (un juguete que quieren arrebatar o un juguete que quieren recuperar porque se lo han arrebatado).

En diversas ocasiones he oído a padres decir que hay que dejarles, que son cosas de niños y que, cuando crezcan, dejarán de hacerlo. A veces este laissez faire (dejar hacer) responde a la teoría que dice que los niños deben aprender a resolver sus conflictos por sí mismos y que es mejor no intervenir.

Niños peleándose

Mi opinión al respecto es que todo depende de la edad de los niños y de su capacidad de expresarse y de entender lo que es correcto y lo que no es correcto. Si un niño de uno o dos años está mordiendo o pegando no se puede obviar porque si nadie censura su modo de actuar creerá que es una manera más de relacionarse con los niños que, además, da buenos resultados muchas veces porque consigue lo que quiere. Si son más mayores y son capaces de razonar y expresar con palabras lo que sienten y piensan sí puede dejarse que busquen soluciones, pero si se están pegando o mordiendo, que es el caso que nos ocupa, yo intervendría siempre: Violencia cero.

Hacerle lo mismo para que vea que hace daño

Otra opción es la de hacerle lo mismo que el niño está haciendo para que vea que está haciendo daño. He leído alguna vez consejos así de teóricos profesionales de la psicología y también lo he oído a algunas abuelas (“para que no toque la caja de los hilos, donde hay agujas, le pinchas con una aguja en la mano… así nunca más querrá tocarla”).

Es un recurso que podría funcionar si el niño es capaz de entender la comparación “te pego, que es lo mismo que tú haces” y si es capaz de pensar “me duele, no se lo haré a nadie más”. El problema es que podría no entenderlo o incluso entenderlo al revés “mis padres me pegan, yo también puedo pegar”, “mis padres se relacionan conmigo haciéndome daño, yo también podré hacerlo”.

Sea como sea y suceda como suceda, no me parece buena opción si estamos diciendo que queremos mantener la violencia a raya. No me parece respetuoso enseñar a no morder ni pegar mordiendo y pegando. Si decimos que violencia cero, pues cero para todo.

Castigarle: “nos vamos a casa”

Algo muy utilizado también, porque es lo que más se suele hacer y porque nosotros como niños solíamos sufrir escenas similares (el castigo es una tradición muy arraigada) es el recurso de castigar al niño. Muchas de las escenas suelen darse en el parque o sitios similares, que es donde los niños comparten espacio con otros niños y con los padres a la vez. Tu niño pega o muerde y le dices que a la próxima os vais a casa. Vuelve a pegar y morder y ejecutas la amenaza, lo coges y os vais a casa.

El problema es que esta consecuencia lleva muchas cosas implícitas. Si un niño es lo suficientemente pequeño como para no entender que pegar o morder está mal, es muy posible que no entienda que el irse a casa es consecuencia de sus actos. Los niños no tienen demasiada noción del tiempo y unos días pueden estar toda la tarde en el parque y hacérseles corto y otros estar un ratito y cansarse enseguida. ¿Cómo entiende el niño que se va a casa porque ha hecho algo? ¿No puede entender simplemente que ya es la hora de irse?

Pongamos que sí entiende que después de pegar o morder “nos vamos a casa”, ¿no puede el niño pensar otro día que en el momento en que oiga “nos vamos” tiene derecho a pegar o morder? “Total, si ya nos vamos…”. Es más, el día que no pegue ni muerda y mamá diga “nos vamos a casa”, ¿no puede pensar que le estamos castigando?

Pelea de niños en el parque

Otro problema, si tienes más de un hijo, ¿te los llevas a los dos a casa? No, supongo que habrá que inventar otro castigo que, probablemente, tendrá otras consecuencias y condicionantes a valorar. Por eso siempre digo que la motivación no la podemos aplicar nosotros, las consecuencias no pueden ser inventadas por nosotros. Las consecuencias de un acto deben ser las reales, las que son: “Pegar a los niños está mal porque les haces daño. “Hacer daño a los niños está mal porque les haces sentir mal”. “Si pegas a los niños no querrán jugar contigo”. “Quizás un día un niño más grande que tú te pegue también… no creo que te guste, como no les gusta a los niños a los que pegas (o muerdes)”.

Poner emociones a los actos: diálogo y paciencia

En la línea del último párrafo está la que yo creo que es la solución ideal. Poner emociones a sus actos, darle palabras a lo que ha hecho. Los niños no suelen empezar a jugar juntos hasta los tres años, momento en el que empiezan a conocer el mundo de las emociones y empiezan a ser algo más racionales. Además a esa edad ya tienen más vocabulario y son más capaces de entender lo que les decimos y de poner palabras a lo que sienten.

Hasta ese momento pueden empujar, pegar o morder, simplemente porque no saben expresar su enfado de otro modo. Imaginad que no podéis hablar, que no podéis decirle a alguien lo enfadadas que estáis… ¿no es más que probable que le deis un buen empujón para hacérselo saber? Incluso pueden hacerlo porque, como hemos dicho, están probando “a ver que pasa”.

Nosotros somos los adultos y en esos momentos debemos intervenir para mostrarles otra manera de hacerlo. Ponemos palabras a lo que está pasando “veo que estás enfadado porque te ha quitado el juguete”, “ahora mismo te gustaría recuperarlo”, “veo que te enfadas porque quieres jugar con el juguete de ese niño” y luego explicamos lo que sigue: “vamos los dos juntos a pedirle que te lo devuelva”, “pero el juguete es suyo… lo único que podemos hacer es preguntarle si te lo deja”. Evidentemente añadir lo más importante, el “no pegues, que haces daño”, “no muerdas, que los niños no querrán jugar contigo”, etc.

Esto no es un método para que el niño deje de pegar ipso facto, esto es una manera de actuar con la cabeza fría y haciendo las cosas con paciencia y calma y sabiendo que los resultados llegan a largo plazo. El diálogo y la paciencia se enmarcan en un modo de criar a los niños más respetuoso que el conocido (donde entrarían las soluciones antes comentadas), porque respetándoles podemos enseñarles a respetar y porque así no harán las cosas para evitar un castigo u obtener un premio, sino porque realmente crean que las cosas no se hacen así.

Mientras tanto…

Mientras el niño crece, madura, aprende y razona nuestro mensaje (que repetiremos una y mil veces, probablemente) nuestro papel es actuar de celador, o de padre, que viene a ser lo mismo. Si sabemos que nuestro hijo muerde o pega, mil ojos con él, si sabemos que lo hace siempre o muy a menudo, quizás sea útil y necesario evitar que juegue con otros niños: o no vamos al parque o vamos al parque y jugamos nosotros con él para evitar que se den situaciones problemáticas. Ya habrá tiempo de que juegue con otros niños.

Fotos | Lars Plougmann, lupinoduck, clairity en Flickr
En Bebés y más | ¿Les enseñamos a pegar sin darnos cuenta?, El castigo es un método poco educativo, “Las consecuencias naturales no son castigos”: entrevista a la psicóloga Teresa García

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