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Todos los padres tenemos en ocasiones la sensación de que lo que les decimos a nuestros hijos les entra por una oreja y les sale por la otra. “Ponte el abrigo que fuera hace frío”. Nada. “Pero Carlitos, te he dicho que te pongas el abrigo”. Nada.

Muchas veces nos preguntamos por qué los niños no nos hacen caso. Un estudio sobre desarrollo cognitivo en la infancia publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences intenta dilucidar las causas científicas por las cuales los niños no nos obedecen.

Según el psicólogo Yuko Munakata, los niños escuchan lo que les decimos y almacenan la información para utilizarla más tarde. Es decir, que cuando les pedimos que se abriguen nos escuchan, pero no son capaces de comprender que deben ponerse el abrigo porque si no lo hacen tendrán frío. Cuando salgan y sientan frío utilizarán la información que les hemos dado y se abrigarán para no pasar frío.

Los investigadores utilizaron un programa de ordenador para estudiar las reacciones de dos grupos de niños, uno de niños de 3 años y medio y otro de niños de 8 años. Se les midió el diámetro de las pupilas para analizar el esfuerzo que realizaban ante una serie de imágenes que se les presentaban.

Se les enseñaron dos personajes infantiles: Blue, a quien le gusta la sandía y Bob Esponja, a quien no le gusta la sandía. Cuando Blue aparecía seguido de una sandía debían apretar una cara contenta y si aparecía Bob, una cara triste.

Los niños mayores encontraron el ejercicio muy sencillo pues supieron adelantarse a la secuencia incluso antes de que apareciera la imagen de la sandía, en cambio los más pequeños fallaban a la anticipación.

Los resultados del estudio sugieren algo muy interesante para que los padres podamos comprender mejor el comportamiento de nuestros hijos. No es que nos estén toreando ni desafiando. Indican que los niños preescolares no son adultos pequeñitos, sino que su desarrollo cognitivo va madurando poco a poco hasta convertirse en personas capaces de anticiparse a los hechos, hacia alrededor de los ocho años.

Por eso, deberíamos plantearnos nuevas formas de dar una orden a un niño (o por cambiar la expresión que no me gusta demasiado) cómo decirles las cosas para que nos obedezcan. Sería más efectivo probar con “si sientes frío, recuerda que tienes tu abrigo en el dormitorio”.

Vía | Yahoo News
Más información | Proceedings of the National Academy of Sciences
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