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Corre por internet un escrito que a mí me he llegado ya en varias ocasiones vía mail, con buenas intenciones pero un poco matizable, que ofrece a los padres diez consejos para conseguir que su hijo acabe siendo un delincuente.

Tras leerlo en varias ocasiones, me he decidido a hablar de él en Bebés y más para ver qué opináis al respecto y sobretodo para dar mi versión de dicho decálogo. No es que considere que la mía es mejor, es que simplemente, creo que algunos puntos se pueden matizar y creo que para haber dado diez consejos, se han dejado uno que es el más importante de todos.

1. Darle desde pequeño todo lo que pida

El primer consejo es “Darle desde pequeño todo lo que pida” y añade “de esta manera llegará a mayor convencido de que el mundo entero se lo debe todo”.

Bien, partamos de la base de que normalmente es imposible darle a un niño todo lo que pide, básicamente porque hay cosas que pueden ser peligrosas (“mamá, name suchillo filao”) y porque pocos padres suelen tener el dinero suficiente como para comprar todo lo que sale en los anuncios de la televisión. Con esto quiero decir que el 99,99% de los padres seguro que no le dan a sus hijos todo lo que piden.

Después, del absurdo porcentaje que queda de personas que le dan a sus hijos todo lo que piden, habría que descontar también a los padres de hijos que piden pocas cosas. Yo puedo entrar a una tienda de juguetes y salir con las manos vacías sin demasiados problemas porque mis hijos se divierten más jugando un rato ahí que llevándose algo.

Esto no quiere decir que nunca pidan nada, porque a veces lo hacen, pero la norma es que pidan muy pocas cosas, tan pocas, que a veces somos nosotros los papás los que aparecemos por casa con algún juguete que nos hace ilusión regalar (sin que sea cumple, santo ni Navidad).

Siguiendo la premisa “si le das todo lo que pide será un delincuente”, yo debo estar criando dos capos de la mafia, porque no sólo les doy lo que piden, sino que también les doy lo que no piden.

Bien, la realidad no es esta, como he dicho en el primer párrafo, los cuchillos afilados no se los dejo, evidentemente, y muchas cosas que piden o quieren hacer cuando no es momento, pues no las hacen y se les explica por qué no pueden hacerlas.

2. Si dice burradas, reírselas

El segundo consejo es el de reír las gracias de los niños, esas que no suelen tener gracia: “Si dice burradas, reírselas: así pensará que es muy gracioso”.

No está mal este consejo, pero yo profundizaría un poco más en él: si su hijo insulta, escupe, muerde o se pega con otro niño, no haga demasiado caso, son cosas de niños.

Tonterías o burradas decimos todos. De hecho, los niños las aprenden de los adultos. Lo primero que tenemos que hacer es evitar decirlas delante de ellos y, si lo hacemos y ellos las replican, explicar qué significan y por qué pueden ser hirientes, sin hacer un drama de ello, que los culpables somos nosotros, joder (perdón).

No hace falta reírles las gracias, pero si las han aprendido de nosotros, no podemos montar en cólera, porque seríamos contradictorios. Si no queremos que digan burradas, no las digamos nosotros y, si lo hacemos, es de ser honesto decirles que nos hemos equivocado (si realmente lo sentimos, claro).

3. No le deis ningún tipo de formación espiritual

El tercer consejo dice que no debemos darle a nuestro hijo ningún tipo de formación espiritual, pues de ese modo, cuando sea mayor, escogerá por sí mismo.

La verdad es que no entiendo mucho este consejo, porque no veo qué relación puede tener la formación espiritual o la falta de ella con llegar a ser un delincuente. Delincuentes hay en la política y en la religión, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad (esto parece una boda, pero no lo es), con independencia de si han sido bautizados, han hecho la comunión o se han sumado a vete tú a saber qué religión.

Centrándome en el cristianismo, que es una religión imperante, si una persona coge la palabra de Dios (el antiguo testamento), escrito por hombres elegidos por el Espíritu Santo para recoger los mandatos de Dios, podrá ver rápidamente que podría ser hasta peligroso leer dicha obra entera. Por poner un par de párrafos entre muchos:

Si dos hombres se están golpeando, y se acerca la mujer de uno de ellos para defender a su marido, y agarra al otro por sus partes genitales, ordenaréis sin ninguna compasión que se le corte la mano a la mujer.
Si alguien tiene un hijo desobediente y rebelde que no hace caso a lo que le dicen sus padres, y ni siquiera obedece cuando le castigan, sus padres le llevarán ante el tribunal de los ancianos de la ciudad, y les dirán: ‘Nuestro hijo es desobediente y rebelde; no nos obedece en nada, es un pervertido y un borracho.’ Entonces todos los hombres de la ciudad lo matarán a pedradas. Así acabaréis con la maldad que haya en medio de vuestro pueblo y, al saberlo, los israelitas sentirán temor.

Sí, sé que ser cristiano hoy en día es un poco diferente a seguir la palabra de Dios, pero oye… viendo lo que dijo Dios, casi prefiero seguir educando a mis hijos sin espiritualidad ninguna. Prefiero que no crean en ninguna religión en concreta y que sean buenas personas, no porque alguien te mira desde arriba para castigarte en el más allá, sino porque crean que tienen que comportarse bien con el resto de los mortales.

4. No le digáis nunca “esto no está bien”

El cuarto consejo es igual de irreal que el primero porque es casi imposible que un padre no diga a un niño que algo no está bien. Dice que no le digamos nunca “esto no está bien”, porque se podría crear complejos de culpa, y más adelante, cuando, por ejemplo, le arresten por haber robado un coche, estará convencido de que la sociedad le persigue.

Supongo que se refieren a enseñar a los niños lo que está bien y lo que está mal. Si es así, es un buen consejo. Los padres debemos estar ahí para educar a nuestros hijos, permitiendo que crezcan, que exploren su autonomía y que tengan libertad de pensamiento y de acción, siempre que esa libertad no vulnere la libertad de otras personas y siempre que hagan con los demás lo que ellos querrían que se hiciera con ellos.

Los padres que nunca explican a sus hijos lo que es correcto y lo que puede ser incorrecto porque puede herir, molestar o dañar a los demás (¿de verdad hay padres así?), hacen un flaco favor a los niños, porque la sociedad se rige por una serie de normas básicas que deben ser respetadas. No hace falta que nos convirtamos en jueces, en plan “esto bien”, “esto mal”, “esto bien”, “esto mal”, pero sí podemos estar ahí para simplemente explicar qué consecuencias pueden tener algunos actos. Incluso habrá ocasiones en que sea más educativo permitir que nuestro hijo yerre para que él mismo vea la consecuencia y se produzca un aprendizaje (“de los errores se aprende”).

5. Recoged todo lo que tire al suelo

El quinto consejo dice que debemos recoger todo lo que tire el suelo, para que piensen que el mundo está a su servicio.

La verdad es que el orden en casa es importante, básicamente para no tropezar con las cosas, para evitar romperlas, por higiene y porque cuando todo está ordenado, es más fácil encontrar las cosas.

En mi casa los papás solemos recogerlo todo, y hasta ahora no nos va tan mal, porque muchas veces ellos mismos, cuando nos ven recoger, lo hacen también (“dar ejemplo”, se llama a este fenómeno). Si no sucede, tampoco pasa nada.

El ver que los adultos damos importancia al orden es una semilla que se puede sembrar en cualquier momento: de un tiempo a esta parte, suelo describir lo que veo “chicos, veo un montón de juguetes tirados en el comedor, podríamos pisarlos y romperlos sin querer” y ellos parece que lo van entendiendo, porque los guardan o los apartan (algo es algo).

Recoger no suele ser muy divertido, así que vale más envolverlo de juego, canciones y motivación (podemos tropezar, los podemos romper, no lo encontraremos, etc.) que decir “a recoger o te quito los juguetes”, con lo que haremos del acto de recoger algo aún más odioso.

Sé que os dejo en la mejor parte de la historia, pero no quiero que esta entrada os lleve mucho tiempo de lectura, que seguro que tenéis otras cosas que hacer. Mañana comentamos la otra mitad del decálogo.

Foto | Geomangio en Flickr (CC)
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