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El poder de la imitación

El poder de la imitación
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Un niño aprende la mayoría de las cosas imitando lo que hacen los demás. Si quieres que aprenda a hacer algo, lo mejor será que se lo muestres. Es para lo que mejor estamos preparados, para imitar. Llevamos miles de años haciéndolo, así hemos sobrevivido todo este tiempo.

Unos investigan lo nuevo, lo prueban y una vez que es seguro lo imitamos. Es el proceso básico que se ha ido repitiendo en la sociedad desde el principio de los tiempos. Es el poder de la imitación.

¿Es bueno que imitar?

Mientras no imitemos a grandes marcas o a algún asesino en serie yo diría que si.

Imitando perdemos el miedo a lo desconocido. Ya no somos los únicos que nos hemos enfrentado a ello, alguien lo hizo antes y nuestro cerebro supongo que piensa que si el ha sobrevivido es porque será seguro, más o menos.

Nos facilita la vida. Imitando lo que otro ya ha hecho nos ahorra energía que podemos usar en otras cosas, por ejemplo probar cosas nuevas para que alguien nos imite a nosotros. Pero como todo, si es en exceso puede llegar a ser perjudicial y terminar siendo una copia o subproducto de otros.

Imitamos, pero no todos valen

Cuando decimos que nuestros hijos copian todo lo que ven, no es realmente así, sino que ellos tienen bien claro que modelos son seguros de imitar. Si vamos al campo con nuestros hijos y vemos a una persona que no conocemos de nada trabajar el campo, y nos quedamos el tiempo suficiente podemos ver como nuestros hijos imitan el comportamiento que ven, aunque con mucha cautela. Sin embargo, si quien estuviese trabajando fuese su abuelo, o un tío, alguien de confianza tardarían mucho menos en decidirse.

Cuando nuestros hijos usan frases hechas, o un tono determinado para una frase, o incluso algún taco es casi seguro que lo ha aprendido de alguien de su entorno. No le echemos la culpa a la tele o a la gente de la terraza en la que tomamos un zumo antes, nada de eso, lo más seguro es que lo haya oído en casa.

Los hermanos

Para el pequeño de casa hay una figura principal a la que imitar, su hermano mayor, y en segundo plano el resto de nosotros. Si su hermano tiene sed, él tiene sed, si su hermano quiere un juguete él quiere el mismo, si su hermano se sienta él se va a sentar también (y la mayoría de las veces encima de su hermano).

Nosotros decimos que ahora el mayor tiene eco, pues frase que suelta el mayor es repetida a los dos segundos por el pequeño. Y he de reconocer que eso trae un montón de situaciones bastante cómicas, en el sentido de como entiende el pequeño que se pronuncian las cosas.

Pero sería más lógico que imitara a sus padres, ¿no? No. Nosotros somos también un figura a seguir, pero no somos su igual, somos grandes, tenemos mucho pelo y una potente voz, pero no somos uno de ellos. Somos sus protectores, a quienes acudirán cuando necesiten ayuda, pero para saber cómo funcionan las cosas el mejor es su hermano mayor. Siempre es mucho mejor aprender de cómo usa su hermano el sofá del salón que a sus aburridos padres que sólo lo usan para sentarse.

Lo mismo, aunque en menor medida sucede con sus compañeros de clase. Hitos tales como quitar el pañal o el chupete muchas veces vienen condicionados por lo que hagan sus compañeros de carreras. ¿A cuantos padres nos ha pasado que nuestro hijo y el que se supone está en la escuela infantil parezcan dos niños distintos?

¿Debemos enseñarle lo que debe imitar?

Un niño va a imitar todo aquello que le parezca divertido en ese momento o que le vaya a reportar algún beneficio. Por eso los vemos copiando aquellas conductas que hagan que les prestemos más tiempo y atención. Pero habrá veces que no sabrán distinguir entre una conducta deplorable y otra pasable (ya ni siquiera digo correcta).

Como dije anteriormente creo que es bueno que tengan algo siempre de su propia cosecha y aprovechen el poder de la imitación para conseguir los conocimientos necesarios para realizar su propio camino. Y como dice el dicho: mejor cabeza de ratón que cola de león.

Foto | mikebaird en Flickr En Bebés y Más | "Los niños aprenden por imitación e investigación". Entrevista a la psicóloga Ana María Valenzuela

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