
Continuando con nuestro calendario de crecimiento del niño llegamos a la edad de cuatro años. Si a los tres años los niños empezaban a adquirir nuevas responsabilidades y más autonomía, los cuatro deben servir para seguir afianzando lo adquirido y seguir aprendiendo a ser más independientes, más cooperativos y a conocer de manera más amplia el mundo que les rodea.
Hasta esta edad y por necesidad, los niños son egocéntricos. Desean que todo el mundo gire a su alrededor y de hecho precisan que así sea para crecer sintiéndose importantes y capaces de tener su propio lugar en la familia, en su casa y en su entorno en general.
Sin embargo, al llegar los tres y cuatro años, el niño va saliendo poco a poco de su espiral para conocer a otras personas, relacionarse con ellas, compartir juegos y empezar en definitiva a entender que forma parte de una sociedad en la que hay otras personas con sus deseos e inquietudes que pueden, a veces, entrar en conflicto con sus propios deseos e inquietudes.
Vamos a ver, punto por punto, qué es lo que debemos conocer de los niños y niñas de cuatro años.
Alimentación a los cuatro años
Como ya explicáramos la semana pasada al hablar de los tres años, lo importante es que puedan elegir dentro de una gama de alimentos lo más saludable y equilibrada posible.
Nosotros como padres debemos ofrecerles la misma comida que cocinamos para nosotros porque así pueden conocer las diferentes presentaciones que consumimos, pueden ver los diferentes alimentos disponibles y pueden acostumbrarse poco a poco a ellos (y porque así sólo cocinamos una vez, y no dos).
Puede ser que coman encantados todo lo que les ofrezcamos (raro, raro), siendo lo más probable que tan solo cojan lo que más les gusta y que su abanico de alimentos sea bastante limitado.
Esto es normal en estas edades, están mostrando sus preferencias y les cuesta aceptar nuevos sabores y alimentos, sin embargo, si seguimos poniéndoselos en la mesa, sin darles más importancia de la que tienen (sin insistir en que se coman la verdura o la fruta “porque son sanas” o en que coman “un poco más de esto, para que crezcas mucho”), suele pasar que un buen día te los encuentras comiendo aquello que nunca antes habían probado como si lo hubieran comido siempre.
Ya sabéis, si queréis que no coman algo, insistid en que se lo coman. Si en cambio queréis que coman algo, no le deis demasiada importancia y comedlo vosotros como si comierais un trozo de pan (sin decir continuamente lo bueno que está ni lo fuertes que nos vamos a poner).
Sobre la cantidad que deben comer, ya hemos hablado de ello en muchas otras ocasiones. Los únicos que saben cuánto deben comer son ellos. Unos días arrasarán con todo lo que les pongas y otros (muchos) no tocarán apenas el plato.
El indicador que os debe poner en alerta es si, comiendo poco, se “apagan”, se quedan débiles, cansados, fatigados,… que es de hecho lo menos habitual (ya que a pesar de comer poco tienen una energía envidiable) y en cualquier caso, la causa de dichos síntomas suelen ser, más que el no comer, el problema que hace que no coman, normalmente alguna enfermedad.
El sueño en los niños de cuatro años
El sueño de los niños de cuatro años es ya bastante maduro y en un porcentaje bastante considerable de niños las noches pasan sin que suela haber despertares.
Sigue siendo normal, aún así, que haya niños que aún se despierten algunos días (o todos), para ir a orinar, beber agua o porque sientan la necesidad de estar acompañados.
Con respecto al dónde deben dormir, la decisión queda en manos de cada familia.
Algunos de los padres que colechan deciden hablar con los niños para que empiecen a dormir en sus habitaciones. Dejarle elegir unas sábanas nuevas, y/o decorar parte de la habitación para que la sienta más suya suele ser un recurso que puede funcionar para que el niño dé el paso de dormir solo.
Otros padres colechadores prefieren dejar la decisión para el momento en que el hijo prefiera. Evidentemente, no hay nada que decir al respecto, cada familia que haga con sus noches lo que considere mejor.
Socialización y lenguaje

A los cuatro años la mayoría de niños acude ya a la escuela, donde coincide con niños de su edad y en el patio con niños de otras edades.
El niño de cuatro años es capaz de empezar a compartir algunos juguetes ya que poco a poco va comprendiendo que el mundo no gira en torno a su figura. Así se empieza a dar cuenta que muchos juegos son más divertidos en grupo que de manera individual.
En ocasiones, ya que todo proceso requiere un tiempo, no querrá compartir sus juguetes y preferirá jugar solo. Es lícito y debemos respetarlo. Compartir y jugar con los demás es muy estimulante, pero a veces uno siente la necesidad de estar tranquilo y disfrutar de algo propio sin distracciones.
En esta edad descubren (quizás antes) el placer de jugar a ser alguien. Por eso les encantan los disfraces y por eso es habitual ver por la calle a niñas con alas y corona de hada y es frecuente también que los niños quieran tener disfraces en casa para jugar a ser bomberos, piratas, princesas, hadas, vikingos, sheriffs, campanillas, etc.
Sobre si se les ha de permitir salir a la calle disfrazados, sin ser carnaval, pues que cada padre y madre decida. A mí no me ha llegado ese momento, pero nunca se lo negaré, pues me parece un maravilloso arranque de diversión, juego y “hago-lo-que-nadie-considera-normal” (y a mí me encantan las cosas que salen de la rutina, porque son las que hacen a uno sentirse vivo).
En cuanto al lenguaje en los niños de cuatro años, los niños y niñas son capaces de hacer frases comprensibles y de dialogar. Denominan los colores y los números y empiezan a discriminar entre la mañana y la tarde.
Realmente es una etapa preciosa porque siguen manteniendo la inocencia de la infancia con el añadido de la capacidad de mantener conversaciones y de empezar a explicar algunas historias.
Desarrollo corporal a los cuatro años de edad
A los cuatro años su cuerpo ha adquirido ya la capacidad de correr y saltar con armonía y con bastante seguridad. Las caídas disminuyen, aunque al aumentar las capacidades, tienden a asumir nuevos retos y por lo tanto aparecen nuevos riesgos.
No debemos confiarnos nunca y, en el parque o allí donde quieran emprender sus nuevas metas, debemos estar alerta para evitar caídas o daños que se podrían prevenir.

Para enumerar un poco sus habilidades, son capaces de chutar una pelota, saltar con los pies juntos, mantenerse de pie sobre un pie y saltar hacia atrás. También suben y bajan las escaleras sin ayuda utilizando un pie para cada escalón.
En cuanto a la psicomotricidad fina, pueden doblar un papel, cortar con tijeras, dibujar cogiendo el lápiz con los dedos pulgar, índice y corazón (vamos, correctamente) y son capaces de hacer dibujos “con cara y ojos”, que los mayores podemos más o menos entender.
Mayores, pero no tanto
Es habitual que los padres de niños de esta edad tengamos la sensación de que ya son mayores. Sus capacidades racionales, el diálogo y el control de sus emociones intensas hacen que, inconscientemente, esperemos de ellos una actitud más madura de lo que realmente son capaces de tener.
En ocasiones veremos en ellos personitas de pequeña estatura y en ocasiones aparecerán rabietas, llantos y “cabezonerías” que creíamos casi olvidadas.
Esto es porque son mayores, pero no tanto. Aún queda mucho camino en sus vidas y aún les queda tiempo para dejar atrás totalmente el egocentrismo y para controlar totalmente sus emociones.
Son aún incapaces de expresar verbalmente lo que sienten y esto hace que en muchas ocasiones quieran expresarlo con el cuerpo, pegando, empujando, levantando la mano.
No es que traten de hacernos daño deliberadamente, es que no saben canalizar su rabia de un modo racional, no saben decirnos las cosas tal y como las sienten y la única manera de hacerlo es con la comunicación no verbal, con su cuerpo.
Como padres debemos aceptar sus limitaciones y tratar de reconducir estas situaciones para que poco a poco aprendan a expresarse con la palabra y no con su cuerpo.
Frases como “estás enfadado porque quieres esto” o “estás molesto porque…” ayudan a que ellos mismos pongan palabras a sus sensaciones (“es verdad, estoy enfadado y además es por esta razón”).
No digo con esto que debamos permitir las agresiones, porque no es así, pegar hace daño, molesta y no es una manera adecuada de resolver los problemas, pero sí debemos entender que si lo hacen así es porque probablemente no tienen más recursos. De nosotros depende que amplíen el abanico de posibilidades a la hora de expresarse.
Jugando solos
Los niños de cuatro años, al adquirir cierta autonomía, son capaces de pasar largos ratos jugando solos, sin compañía de nadie en su habitación, aunque eso no quiere decir que con nosotros no se lo pasaría mejor.
En ocasiones nos pedirán que juguemos con ellos y en ocasiones deberemos ser nosotros los que nos ofrezcamos para ello. No hay nada mejor para un niño que compartir los juegos y momentos con aquellos a quien aprecia.
Si sale de nosotros el estar con ellos verán que nos gusta pasar tiempo con ellos, que el tiempo con ellos no se convierte exclusivamente en aquel que ellos reclaman, sino que hay momentos para compartir incluso cuando ellos no lo esperan.
Esto ayuda, ni más ni menos, a que se sientan queridos y amados, ¿puede haber algo mejor?
Fotos | Flickr – woodleywonderworks, jnb photos, edenpictures
En Bebés y más | El calendario del bebé
Comentarios
Me gusta que en tus artículos no tiendas a estandarizar. Tienes bastante cuidado de no generalizar; eso está muy bien porque los padres somos una bomba de relojería fabricada con preocupaciones y a punto de explotar. Sobre todo cuando nuestro niño "no crece conforme a" o "no se desarrolla como dice no sé qué manual".
Los niños necesitan experimentar para aprender. Pienso que sin experiencia no hay lugar a la sorpresa y sin sorpresa no hay aprendizaje. Es muy laborioso y agotador mantener el nivel de actividad que tiene un niño y, sobre todo, atender a su curiosidad. Pero es fantástico poder ser testigo de su evolución. A mí es algo que siempre me ha maravillado.
En el tema de la comida, siempre digo que a mí lo que más me ha servido ha sido "no obligarle nunca a comer" y "no tener que decirle nunca que no puede comer algo que yo estoy comiendo". Es decir, yo he ido pasando por su distintas fases alimenticias. Nunca he tenido que hacerle una comida diferente. Ni tan siquiera cuando se inició en la comida complementaria (allá por los 9 meses). De esta manera, y como todos los niños quieren lo de sus mamás, yo le daba a probar de mi plato y así se fue haciendo a ella. Lógicamente he tenido que dejar de consumir algunos alimentos y bebidas que no son muy adecuados para el peque. Bueno, en realidad tampoco eran muy adecuados para nadie. Me refiero a los refrescos, bollería industrial, picantes, salsas varias,... Hoy en día mi hijo come absolutamente de todo (menos cantidad de lo que no le gusta, claro, como nos pasa a todos) y nunca he tenido que triturarle nada. Algunos días siento que le estoy matando de hambre porque devora y no calculo bien, y otros días sobra casi todo porque ha decidido que ya devoró bastante la semana anterior.
En cuanto al lenguaje, me ha llamado la atención eso de que no alcanzan a expresar sus emociones. Nosotros empezamos hace un tiempo a ponerle nombre a las muchísimas y desproporcionadas emociones de nuestro hijo. También a las nuestras. De esta manera, y a base de nombrárselas a él, hemos conseguido que algunas veces sea él mismo quien pone nombre a lo que siente. Ha facilitado mucho, la verdad, porque puedes intervenir antes de que la situación se te vaya de las manos. Aquellos padres que tengais hijos que se desbordan por sus propias emociones, hacedlo. El camino es lento por recorrer pero se avanza, de verdad.
¿Y por qué nos empeñamos los adultos en llamar al perro "guau-guau" y al pájaro "pi-pi"? ¿Y por qué les decimos a los niños que la luna es más o menos grande en función de si come bien o no? ¡¡Por favor!! Los niños son niños, no idiotas.
Del sueño leí algunos artículos tuyos. No recuerdo bien si fue aquí o en tu blog. En cualquier caso me rei bastante. Efectivamente, comparto tu idea de que somos los padres los que tenemos un problema cuando nuestro bebé (Y/o niño hasta una edad) no duerme bien. Bueno, no duerme como nosotros quisiéramos. Yo estoy satisfecha porque, ahora, sólo me despierto "varias" veces (y no "muchísimas") en cuestión de nueve horas de sueño nocturno.
De la socialización ya hablaré otro día. Ese es mi mayor motivo de "agobio". Y no porque crea que mi hijo tiene ningún problema sino porque un día tendré que volver al trabajo -si no tiro por la calle del medio- y quizás eso me hace "animarle más de la cuenta" a unas relaciones sociales para las que aún no está del todo preparado. Es decir, el problema lo tengo yo y se lo cargo a él.
Un saludo
Evaval, cuántos años tiene tu hijo, cuatro?
Sobre el tema del lenguaje, pues depende de cada niño, claro, si se ha trabajado el tema en casa es posible que en muchas ocasiones sepan expresar más o menos lo que sienten, pero como aún tienen un lenguaje limitado y su parte racional aún no controla todos los impulsos de su parte emocional se les escapan muchas cosas que no alcanzan a comprender.
En cuanto a la socialización, a ver si me animo y publico una entrada que tengo medio escrita desde hace tiempo... los padres necesitamos que socialicen, pero ellos también tienen que contactar con otros niños, el dilema es ¿deben hacerlo sin nosotros? ¿cuándo? porque parece que existe la creencia de que cuanto antes mejor y sin la presencia de sus padres y la realidad es que no hay tanta prisa y la presencia de los padres puede ayudar mucho.
evaval, mi hija mayor cumplirá 4 años en mayo y me interesaría que me dieras más detalles sobre lo que dices de las "emociones desbordadas". Sara es una niña muy alegre, muy divertida y muy feliz. Pero, digamos que las emociones contrarias a la alegría también las expresa en grado superlativo: los enfados, rabietas o la tristeza. Lo único que puedo hacer es abrazarla fuerte hasta que se le pasa, porque por mucho que le pregunte o le diga que entiendo que esté tan enfadada, los decibelios nos impiden comunicarnos en condiciones.
Armando, mi hijo cumple hoy mismo los tres años. Comenté este artículo porque me llamó la atención de lo expresar las emociones pero aún le queda todo un año para cumplir los cuatro.
Anna JR, con lo de "emociones desbordadas" me refiero a que hay niños -como el mío- que no tienen un término medio. Sus alegrías, tristezas, frustraciones, satisfacciones, rabietas, cariños,.....son extremos. Puedo explicarlo mejor con algún ejemplo. Mario tenía días de vida cuando ya despuntaba. Las visitas a casa, aunque fueran de una o dos personas, eran motivo suficiente para que él se intranquilizara. Recuerdo que movía los brazos mucho y muy deprisa, y se sobrecargaba. Mario nunca ha sabido "desconectar" y dormirse. Cualquier estímulo, por insignificante que a otro le parezca, a Mario le excita. Tendría un año cuando nos percatamos de que cada vez que su abuelo esta presente se pillaba unas lloreras tremendas. Lloraba y lloraba, no quería que le tocara,...Lógicamente, nuestra primera reacción era de alucine total y la del abuelo de disgusto superlativo. Un día pensé "A que va a ser la colonia que lleva..." Efectivamente, se lo dijimos, dejó de usarla cuando ve al niño y el peque dejó de responder así. Cuando Mario se frustra se cabrea muchísimo. Ponerle un pañal se convierte en una tarea complicadísima. Cambiar de estación nos conlleva meses de adaptación. Sí, sí, hemos conseguido que se ponga una cazadora allá por Diciembre cuando el termómetro marcaba cerca de los cero grados y cuando hemos encontrado una cazadora que no le resulte desagradable. Aunque parezca exagerado, si quiero salir de casa una mañana pronto es necesario irle concienciando desde que nos levantamos y para asegurarme que no tendré que sacarle con el pijama, le acuesto con la camiseta que quiero que lleve ese día. Ponerle, quitarle ropa, estrenar una prenda, pasar de una actividad a otra,....vamos, cualquier cambio, transición o novedad, los lleva fatal. Y cuando digo fatal me refiero a que no es posible conseguirlo si no es a la fuerza -haciéndole daño porque es un niño con una tonicidad muscular tremenda para su edad- o con muuuuucho tiempo de margen.
Las visitas a los médicos son la repera. Las reuniones familiares, con dosficador porque los ruidos, las voces, el movimiento de gente, le ponen muy nervioso. Lo que hoy sirve con él no cuentes con también mañana te sirva.
Pero Mario es un niño increíblemente empático. Así como su NO es ¡¡No!! -con mayúsculas- sólo hace falta hacerle saber que algo es importante, que necesitas su colaboración, que una persona está más necesitada que él para que le tengas entregado y sin el más mínimo contratiempo. Mario es muy sensible al llanto de los niños. Mario capta ruidos que yo no consigo escuchar si no es prestando una atención total. Mario se percata de detalles en los que yo no he reparado. En casa es difícil cambiar nada de sitio sin que se de cuenta y pida hasta el aburrimiento que vuelva a la situación original.
Mario rie a carcajadas y llora que parece que le están matando. Mario es un intrépido pero si sale perjudicado de sus aventuras se retrae muchísimo hasta que se siente nuevamente preparado. Mario sueña con todo.
Mario fue un día de este Septiembre que ha pasado al cole y no sé lo que pudo pasar en esa hora pero al día siguiente iba soltando manotazos a todo niño que se cruzara en su camino. Parece ser que los niños "lloraban mucho" -según él- y "hacían muuuuuucho ruido". Debió angustiarse creyendo que había algún peligro y como yo no acudía pese a sus llantos (yo mientras esperaba metida en el coche a que pasara esa hora) pues lo único que conseguimos de ese intento de escolarización fue que no haya querido estar con niños en tres meses, que los pegara nada más verlos y que no quiera oir hablar del cole. Y no hay manera de animarle.
Su primera reacción es casi siempre "¡NO!". Da igual lo que sea.
Su padre se cambió de habitación porque sus ronquidos me desvelaban muchísimos en los despertares del peque y porque yo pensé que también contribuían a que el niño se despertara con frecuencia. Bueno, pues estuvo una semana (literal) sin querer saber nada de él. Estaba enfadado con él porque nos había "abandonado".
Te podría contar mil ejemplos más. Desde que le explicamos lo que siente y le decimos que no es malo sentirse de la manera que sea, hemos conseguido que él mismo nos diga a veces, por ejemplo, "Mamá, vámonos. Hay mucho ruido". O "¡¡Estoy muy enfadado!!". O "Te echo de menos". O "Estoy preocupado. No quiero que la médico me mire los ojos con la luz".
Al menos así puedes entender un poco qué está pasando por su cabeza y actuar en consecuencia porque si no es demasiado frustrante para sobrellevarlo día tras día, 20 veces al día. Además he aprendido a anticiparle todo lo que va a pasar. De esta manera, las transiciones no son tan repentinas y le da tiempo a asimilarlas.
Muchas, muchísimas veces hacemos "algo" -no llegamos a saber el qué- que provoca una reacción desproporcionada pero ya no respondemos como antes. Bueno, somos humanos y el cansancio muchas veces te juega malas pasadas. Pero, en general, hemos conseguido que el día a día sea más llevadero.
Creo que vamos por el buen camino. Mario es un auténtico cielo, un niño inteligentísimo, con una capacidad para razonar increíble para sus tres años, es una personilla mágica. Peeeeero, vivir le resulta más difícil que a otros porque es extraordinariamente sensible.
Espero haberme explicado. No obstante, hay una web que ya ha mencionado Armando. www.bebesaltademanda.com y el libro de "El niño tozudo" (Mary Sheedy Kurcinka) que te pueden ayudar a entender mejor algunas delas cosas que te he comentado.
Un saludo
Armando, ¿por qué me preguntabas la edad de mi hijo? ¿Hay algo que creas que debo saber?
Jo, releo el comentario que hice explicando a Anna JR lo de las "emociones desbordadas" y no me siento nada bien.
Quizás no haga falta aclararlo, no lo sé, pero yo deseo hacerlo. Cuando digo "[...] haciéndole daño....", que no se tome en el sentido literal, por favor. Con esa expresión me refiero a que hay que sujetarle con mucha firmeza, con fuerza.
JAMÁS ADMITO NI JUSTIFICO LA VIOLENCIA. En ningún contexto y bajo ningún pretexto. Esto quiero que quede muy claro.
Al leerlo me ha sonado MUY MAL.
De igual menera, cuando digo que "ya no respondemos como antes", que "somos humanos" y que "el cansancio juega malas pasadas" quiero decir que no nos sentimos culpables, frustrados, desesperados.
Un saludo
Evaval, yo lo he entendido perfectamente. Aunque hay quien no ve la gruesa línea que separa lo que tú explicas de la violencia y el maltrato. Y mira que es gruesa, pero bueno...
Yo creo que las emociones desbordadas de Sara (casi 4) se limitan a las dichosas rabietas. Cuando se enfada mucho, mucho, pero mucho, yo también la sujeto con firmeza y con fuerza. Física y mental. Quiero decir que si se pone imposible porque algo no es como ella quiere y el nivel de frustración pasa del amarillo al rojo, yo no puedo explicarle que se siente mal por no sé qué y no sé cuántos, tampoco puedo hacerle ver que la entiendo, que es normal que esté enfadada... Con un abrazo fuerte y un tono de voz firme, intento hacerle saber que estoy con ella, claro que sí, pero que tiene que dejar esa actitud que lo único que hace es que se sienta peor. Y mira tú que cosa, que se le pasa y empieza a hacer el payaso. ¿Será esa la memoria de pez que dicen que dura 3 segundos?
No estoy en contra del rincón de pensar, pero si alguna vez lo he puesto en práctica, nos hemos ido las dos juntas a esa zona. Tampoco creo eso que dicen "ay, son muy listos, te toman la medida y te hacen chantaje!!!" Para actuar así, hay que tener malicia y yo no creo que la tengan. Eso no tiene nada que ver, con que sepan que hay cosas que están bien y cosas que están mal y con que, cuando toca, tengamos una actitud firme con ellos. Reñir no es maltratar.
Gracias Anna JR.
Si hay algo que no tolero es la violencia y por respeto hacia vosotros, hacia mí y, sobre todo, hacia mi hijo no quiero que se malinterpreten mis palabras.
Un saludo
Retomo el comentario porque he tenido que interrumpirlo.
Quería decirte Anna JR, dentro del tema de las rabietas, que yo no veo nada malo en que mi hijo (y tu hija) las tengan. Es más, lo considero saludable. Yo no intento que abandone su rabieta o que la controle. Yo intento evitar las posibles situaciones que puedan dar lugar a una rabieta. Pero como no todo es evitable, no le digo que no las tenga. Sí le recuerdo las cosas que NO están bien hacer durante una rabieta. Por ejemplo, pegar, insultar -aún no lo ha hecho nunca- o tirar las cosas para romperlas. Al margen de eso, puede manifestar su rabia/frustración como necesite.
Que un crío de esta edad controle una rabieta "porque después se sentirá mal" me parece imposible porque no creo que su mente esté preparada para prever lo que pasará después.
Intenta, después de su enfado, describirle lo que ha ido sintiendo antes, durante y después de la rabieta. Ponle nombre. Ella verá que no es tan raro lo que siente; de lo contrario, su mamá no sabría explicárselo así de fácil. Que no se sienta un bicho raro o que no crea que hace algo malo. No lo es. Simplemente, con los años aprenderá a expresarlo de otras maneras pero de una u otra manera seguirá teniendo sus "rabietas".
A mí me gusta la gente que no se conforma con lo que le echen, la gente que sabe decir "NO", la gente que sabe defender su posición cuando lo considera necesario. Cortarle a un niño sus distintas formas de manifestarse creo que puede dar lugar a que "crea que no puede hacerlo". Claro que puede hacerlo; debe hacerlo, pero de manera que no se falte el respeto a sí mismo, a los demás o a las cosas que le rodean.
Otro saludo
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