Ser capaz de superar las dificultades de la vida: cómo enseñar la resiliencia a los niños

Ser capaz de superar las dificultades de la vida: cómo enseñar la resiliencia a los niños
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Como padres nos encantaría poder proteger a nuestros hijos del dolor, del sufrimiento, de las decepciones, ¿verdad? Pero no podemos, ni debemos. En la vida suceden cosas que no controlamos, aparecen dificultades y momentos complicados, y nuestros peques van a necesitar herramientas para hacer frente a lo que les venga y superarlo. Eso es la resiliencia y así podemos trabajarla en casa.

Un divorcio, la muerte de algún familiar, un cambio de colegio... son muchas las cosas que pueden suceder en la vida de un niño y generarle estrés y malestar emocional. Ser capaz de adaptarse a los cambios y hacer frente a las vicisitudes es la mejor manera de convertirse en adultos sanos capaces de gestionar lo que venga.

Qué es la resiliencia

La resiliencia es la capacidad para hacer frente, gestionar y superar situaciones complicadas, problemas, dificultades...

La buena noticia es que la resiliencia se puede aprender, de manera que hay cosas que podemos hacer desde casa para ayudar a que nuestros peques desarrollen las herramientas necesarias para hacerle frente a lo menos bonito de la vida.

niña corriendo en el campo

Cómo trabajar la resiliencia en casa con nuestros hijos

1. Habilidades y confianza

Para hacer frente a algo, para afrontar un reto, es primordial, como primer paso, que sintamos que podemos hacerlo, que tenemos las capacidades necesarias para hacerlo, porque de lo contrario ni lo intentamos.

Si queremos que nuestros peques tengan esa sensación de “puedo hacerlo” es fundamental que les dejemos tomar decisiones, que “hagan”, para que experimenten, para que pongan a prueba sus capacidades, para que establezcan nexos entre lo que hacen y las consecuencias.

Los seres humanos aprendemos no solo de lo que nos dicen, también, y es una parte importante del aprendizaje, de lo que hacemos.

Deja que tu hijo decida, deja que tu hijo haga. Y si no sale bien para eso estás tú, para ser su red, pero no le sobreprotejas, no evites que experimente, es un niño, necesita hacerlo. (Evidentemente si va a hacer algo peligroso esto no se aplica, tengamos un poco de sentido común.)

Y cuando haga algo, cuando haya tenido un logro, refuérzale, demuéstrale que lo ha hecho genial, eso reforzará su confianza y le capacitará para lanzarse en futuras ocasiones.

No hay nada más incapacitante que el miedo, y no hay nada que aniquile mejor a ese miedo que la experiencia.

2. Tener una buena red de apoyo

Precisamente al hilo del punto anterior surge este.** Tener amigos y una buena y sana relación con nosotros, sus padres**, transmite al niño confianza, supone un colchón que saben que está ahí por si se equivocan, por si algo sale mal.

La tranquilidad de saber que pueden recurrir a alguien es un elemento que favorece y potencia enormemente la resiliencia.

3. Enseña a tu hijo a cuidarse

No podemos hacer frente a los problemas si no estamos bien, si no nos consideramos una prioridad. Cuando pasamos a un segundo plano permitimos que nos sucedan cosas, dejamos de afrontar, y precisamente eso es lo que no queremos que les pase a nuestros peques.

Su bienestar es fundamental, y para ello no hay nada mejor que predicar con el ejemplo, así que empieza por cuidarte tú.

madre e hijo campo

4. Una buena autoestima

Cuando no nos queremos, cuando consideramos que no tenemos determinadas habilidades o que no vamos a ser capaces de determinadas cosas ya tenemos la batalla perdida.

A los peques les sucede exactamente igual. Si queremos que afronten, si queremos que sean agentes activos en su vida, tienen que sentirse capaces, tienen que saberse capaces, de ahí la importancia de una buena autoestima.

Para ello debemos favorecer que realicen actividades en las que se sientan útiles y eficaces, juegos que les diviertan y que requieran de cierto aprendizaje (para que valoren su esfuerzo), vamos a reforzales los logros y a favorecer que ellos mismos los reconozcan, vamos a hacer que disfruten del camino y no solo de los objetivos finales y, sobre todo, vamos a demostrarles cuánto les queremos.

5. Inténtalo las veces que haga falta

Debemos enseñarle a nuestros hijos que las cosas no siempre se consiguen a la primera, que hay veces en las que lo vamos a tener que intentar una y otra vez...

Si esto lo tienen claro manejarán mucho mejor la frustración, entenderán que el esfuerzo es importante y que no deben rendirse a la primera de cambio.

Una buena forma de trabajar la frustración son los juegos de mesa, ya que les exponen a perder, a tener que elaborar estrategias, a aceptar normas y tener que gestionarlas para alcanzar un objetivo, etc.

6. A otra cosa, mariposa

A veces lo malo sucede y es inevitable, pero no tiene sentido quedarse estancado “en el mal”. Evidentemente cuando nos pasa algo malo nos hace sentir mal, y es necesario tener esas emociones negativas, como decía antes, lo que no vale es abandonarse a ellas.

Nuestros peques tienen que aprender que las cosas suceden... pero que el mal pasa, que si esto no ha salido como esperaban o ha salido mal no es el fin del mundo: hay otras opciones y otros caminos.

Precisamente ese saber que hay otras vías hace que seamos más resilientes: si pensamos que no hay salida, que es el fin, vamos a sentir que no podemos hacer nada.

Así que para enseñar a tu hijo a ser resiliente hay que mostrarle que siempre hay salida, que buscar alternativas es la mejor manera de superar eso que nos ha pasado, es una maravillosa herramienta para su bienestar.

La flexibilidad cognitiva, ser capaz de adaptarse a los cambios y buscar nuevas vías es una garantía de adaptación a lo que suceda.

Ahora bien, ser resiliente no hace que nuestro hijo sea impermeable a lo malo, que no sufra o que no tenga emociones negativas.

Es imposible y nada deseable no sentir o no sufrir cuando nos sucede un revés, de manera que por mucho que nos gustaría proteger de todo esto a nuestros hijos, hemos de aceptar que vivan el dolor y la tristeza. Eso sí, vamos a darles las herramientas para que puedan gestionarlo de una manera saludable.

Fotos: Unplash.com

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