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Ser padres

Ser padres es un don de la naturaleza y una gran responsabilidad. Son muchas las cosas que hay que tener en cuenta, que planificar, hay temores que afrontar con la paternidad y un largo camino hasta el momento de conocer a nuestro bebé.

Por ello en esta serie de artículos ofrecemos consejos e información para aprender a ser padres, desde la relación de pareja y su evolución durante el embarazo, pasando por los primeros momentos con el bebé y nuestra relación con nuestros hijos a medida que avanzan en las etapas de la infancia.

Si vas a ser mamá o papá, aquí encontrarás gran cantidad de información que te ayudará a vivir la experiencia más importante que da la vida, ser padres.

Criar sin azotes: herramientas prácticas

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una niña feliz

Si queremos criar a nuestros hijos sin recurrir a azotes, gritos o cachetes llega un momento que necesitamos consejos, herramientas concretas y técnicas útiles a las que acudir.

Hay una primera cuestión que, si nos la planteamos, nos va a dar la clave para el control. Hemos aprendido a reconocer la ira que suele preceder al cachete y la pérdida del autocontrol. Unido a eso podemos empezar por algo sencillo, que es, reconocida la ira, concienciarnos para nunca dar un azote movidos por la ira, nunca.

Nunca dar un cachete en caliente

Incluso quienes defienden el cachete a tiempo no suelen pegarlo pasado un rato, acuden a él más que como medida educativa como válvula de escape a su enfado, el miedo por un peligro o la verguenza por estar siendo observado en un momento en el que el niño se comporta de manera incorrecta según las normas.

Para todos es posible hacer este ejercicio. La forma de saber si un cachete merece la pena o es la mejor manera de actuar ante el problema de comportamiento es no darlo en caliente. Dejar pasar un rato, una hora más o menos, y entonces reflexionando sobre las causas de la actuación del niño y las de nuestras sensaciones e ira, decidir si lo damos informando al niño de lo que vamos a hacer y de lo que queremos conseguir con ello.

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¿Qué sentiste al ver a tu hijo por primera vez?‏

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“Entonces lo cogí en mis brazos, sentí como se movía en ellos y se acurrucaba, como buscando adaptarse a mí y me miró con esos grandes ojos. Acerqué mi mano a la suya y me cogió el dedo con fuerza, como si no quisiera soltarme nunca más y entonces lo supe. Supe que lo más maravilloso del mundo había llegado y que las lágrimas que caían por mi rostro no eran fruto del miedo o la duda, sino de la más absoluta felicidad”.

Este párrafo, o uno muy similar, lo llevaba yo grabado en la mente el día que mi primer hijo estaba a punto de nacer. Lo había escuchado en una película (ya ni recuerdo cuál), y me pareció algo precioso que quizás llegaría yo a vivir algún día.

Ese día llegó por fin hace ahora más de cuatro años y, siendo sincero, ni chiribitas ni violines y, si soy aún más sincero, ni lágrimas siquiera, y eso que pensé que lloraría, que soy de lágrima más o menos fácil. Ahora entro en detalle, pero mientras tanto id pensando la respuesta: ¿Qué sentisteis al ver a vuestro hijo por primera vez?

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Los cachorros humanos

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cachoros primates

Los cachorros humanos no están hechos para vivir encerrados, va contra su naturaleza estar quietos, solos, en silencio y atados a su balancín mucho rato. No, no nacen para estar en pisos ni en cochecitos la mayor parte del tiempo. Necesitan aire libre, una tribu, acompañar a su madre día y noche en todas sus tareas, ir en brazos viendo el mundo desde nuestra altura y jugar en el suelo con nuestra compañía.

Desde luego no están tampoco programados para ser criados por una madre que está sola casi todo el tiempo y mucho menos por una cuidadora que no es de su familia y que tiene 3 o 4 o más bebés a su cargo. Esta es una realidad biológica y etológica en la que todos los especialistas estarán conformes, pero que choca con las diferentes soluciones culturales que han dado los seres humanos a la crianza.

Las madres y los padres actuales se encuentran, muchas veces, abrumados por mil problemas en la crianza, cosas que asombrarían a personas de otras culturas o de otras épocas pero que a nosotros nos tienen muy preocupados: el bebé pide brazos, el bebé se despierta, el bebé pide teta cada media hora, el bebé no quiere quedarse en la guardería, son ejemplos de ello.

Y es que nos empeñamos en exigir de los bebés cosas que no están en su naturaleza como cachorros de mamífero y primate. Y eso, por muchos avances de la sociedad moderna, no se puede cambiar. Somos lo que somos.

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Los papás también segregan oxitocina

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oxitocina en el padre

Los papás se encuentan a veces perdidos cuando nace su hijo pero por suerte tienen una ayuda adicional que ha sido descubierta recientemente: ellos también segregan oxitocina, la hormona del amor, cuando cuidan y abrazan al bebé.

La doctora Ruth Feldman ha encabezado una investigación que así lo ha determinado, coordinando los trabajos de las universidades de Yale en Estados Unidos y Bar-Ilan, en Israel.

La oxitocina y la prolactina intervienen en el desencadenamiento del parto, en las contracciones del útero y en la producción de leche materna. Estas hormonas afectan al funcionamiento de la amígdala, el centro neurálgico de nuestras emociones más instintivas. Y cuando el papá toma en brazos a su pequeño, al producirse, le ayudan a enternecerse y a establecer lazos afectivos, a amarlo, en definitiva.

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Cuando los abuelos se entrometen demasiado‏

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Cuando una pareja tiene un hijo hay muchos familiares que, inmediatamente, pasan a tener un nuevo “cargo”. La pareja pasa a ser “papá” y “mamá”, el niño pasa a ser “hijo”, los hermanos y hermanas de papá y mamá son “tíos” y “tías” y los papás de papá y de mamá son los “abuelos” y las “abuelas”.

Muchos de ellos celebran el nuevo título familiar con alegría regalando cosas al bebé nacido y/o a la pareja, deseándoles lo mejor y a veces incluso ofreciéndose por si hacen falta para algo. Esto lo hacen, sobretodo, los abuelos y abuelas (y sobretodo las abuelas), que no tardan en poner a disposición sus servicios por si pueden ejercer de abuelas de alguna manera.

Hasta aquí todo correcto, sin embargo, en algunas ocasiones, los abuelos y abuelas, ejerciendo también de padres (esto es, sintiéndose con el poder que haber traído al mundo a tu hij@ te otorga), llegan a entrometerse demasiado en lo que los padres hacen o dejan de hacer con su hijo, creando un malestar en el que los padres del bebé no saben muy bien cómo reaccionar, dado que siguen siendo hijos y, en muchas ocasiones, actuando como tal (dejando que sus padres ejerzan el poder que siempre han tenido por ser padres).

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¿Es aburrido dar el pecho o el biberón?‏

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Una de las características comunes de muchas madres (al menos de las que yo conozco) es que tienen ganas de empezar a dar comida a sus bebés.

Hacia los cuatro meses la mayoría empiezan ya a valorar el tema y preguntar al pediatra si ya pueden empezar a dar fruta y otras cosas. Algunas incluso hacen estas preguntas a los 2-3 meses, cuando el bebé (pobretico) está aún empezando a sujetar la cabeza.

La respuesta siempre es “espera, tranquila, no hay prisa”, pero ante la insistencia uno acaba por preguntarse: ¿Acaso es aburrido dar el pecho o el biberón a los niños?

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Mamá, ¿has descansado estas vacaciones?‏

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Hace unos días vi esta viñeta de Faro haciendo referencia a lo que para muchas madres llegan a ser las vacaciones y me di cuenta de que es bastante representativa de lo que sucede (o eso creo) en muchas familias españolas.

Recuerdo las vacaciones de mi infancia con mi padre enganchado a la televisión y con mi madre “trabajando” en casa sin notar diferencia alguna entre agosto y febrero. Si acaso un poco más de trabajo por estar todos en casa, incluido mi padre.

Este verano ha habido Mundial de Fútbol y los típicos partidos de pretemporada que han tenido a la mayoría de los españoles pegados a la televisión. Sumadas a este hecho están las reminiscencias del pasado en las que el hombre llegaba a casa cansado después del trabajo y tenía derecho a sentarse y descansar mientras la mujer tenía que seguir al 100% (o más), trabajara o no.

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Un poco de humor: unos padres demandan a su bebé

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Hoy os traigo un sketch curioso en el que unos padres deciden demandar a su hijo por diversos motivos, tales como haber dejado estrías en el cuerpo de la madre, haber provocado que se le cayeran los pechos o hacer que el padre sufra depresión posparto.

El bebé es demandado también por haber tardado diez horas en nacer, habiéndose sido necesario realizar una cesárea a la madre, “con la cicatriz que deja”.

Por suerte es totalmente imposible que algo así suceda, sin embargo, mientras lo veía he recordado a una pareja que, en la consulta de enfermería, me preguntó una vez sobre el (mal) sueño de su hijo, ya que a los cuatro meses se despertaba muy a menudo:

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Más del 35% de los adultos británicos duermen con un oso de peluche

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Hemos hablado en otras ocasiones acerca de los objetos transicionales y de la dependencia que llegan a crear en muchos niños que se alarga, en ocasiones, hasta la edad adulta.

Conozco personalmente algunos casos (amigos o conocidos), que aún conservan su peluche de la infancia o su mantita y que la usan en la intimidad del hogar.

Sin embargo siempre he considerado que era algo minoritario (quizás en España sí lo sea) y un estudio reciente realizado por la cadena hotelera británica Travelodge concluye que más del 35% de los adultos duermen aún con su oso de peluche.

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¿Tienes ganas de que empiece el cole?‏

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Quedan dos semanas para que empiece el cole y ya he podido escuchar en varias ocasiones la típica frase “qué ganas tengo de que empiece el cole”, en ocasiones sin la presencia de los niños y en otras en su presencia.

El día que llegué al trabajo después de las vacaciones hubo quien me preguntó: “¿Y qué tal con las fieras?” y yo, inocente de mí, pensé que se equivocaba, porque ¡yo no he estado en África! Enseguida me di cuenta de que se refería a mis hijos y evidentemente le respondí que “bien, muy bien”.

Entonces sumo ambas situaciones, aquella en la que algunos padres viven las vacaciones como si entraran en un cuarto hermético cargado de dinamita a punto de estallar al mínimo movimiento y la mía, en la que disfruto de las vacaciones con mis hijos, pasando con ellos el tiempo que el resto del año no puedo y me pregunto: ¿Debería tener ganas de que mi hijo empezara el cole?

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