
Una de las (tantas) frases y expresiones que permanecen de nuestra infancia es la de “eso no se toca, que es caca”, que es la versión larga y explicativa del “no, caca, caca”, con palmada en la mano incluida cuando un niño, pletórico de curiosidad, coge algo del suelo que no queremos que coja.
El caso es que se dice caca para que el niño lo entienda fácilmente, igual que se les dice “miau” al gato o “guau” al perro, y lo que estamos haciendo es, simplemente, complicar más las cosas, porque luego crecerán y les cambiaremos el asunto diciéndoles que no es “guau”, que es perro, que no es “miau”, que es gato y que no es “los nenes”, sino los niños y niñas.
Pues con la caca pasa lo mismo. Les enseñamos que la mayor parte del mundo es caca (al menos la mayor parte del mundo exterior que a ellos interesa) y que es algo negativo y luego, cuando tienen dos años o más, les intentamos explicar que lo que sale del culo es caca y que ellos tienen que decirnos cuándo creen que va a salir.







