Cuando subir al tren de la bruja se convierte en un horror

Hace unos días, con la invasión de Halloween en todos los rincones de la ciudad, me topé con una escena que tal vez os resulte familiar. Se trataba de un niño subido en el tren de la bruja que lo pasaba verdaderamente “de miedo”. Vamos, que estaba aterrorizado.
El niño tendría unos cuatro años, y me pregunto si eso (que no sea más pequeño) justifica en parte las risas de sus familiares que, al contrario que el niño, se lo estaban pasando en grande viendo la escena. A mí me parece que no, pues si la escena hubiera sucedido con mi hija mayor, de dos años, no sé si hubiera procurado parar el trenecito, y lo mismo si tuviera cuatro, seis o diez.
No penséis que la idea de parar el tren resulta descabellada, pues se trataba de un pequeño tren en un centro comercial y además prácticamente sin público. Como digo, no sé si hubiera detenido el tren, pero desde luego ver la cara de absoluto terror de mi hija al menos no me hubiera reconfortado.







