
Cuando una pareja tiene un niño la vida cambia casi irremediablemente. El tiempo que tenías antaño para hacer algo de ejercicio y para elaborar comidas ricas y sanas se esfuma de repente y te ves comiendo lo que sea, cuando sea y sin un momento para hacer algo de ejercicio.
En mi caso a todos estos factores se suman las ganas de estar con mis hijos y la responsabilidad de estar en casa por si me necesitan, que hacen que el hecho de ir al gimnasio quede en un segundo plano (vamos, que si me dan a elegir, pues prefiero estar con ellos y por ellos, y ya habrá tiempo más adelante para mirar otra vez por mí).
Todo esto ha hecho que mi cuerpo otrora delgado y fuerte (siempre he sido delgado y siempre me ha gustado hacer ejercicio) se haya convertido en un cuerpo delgado, pero con barriga. Bueno, miento… no ha sido por todo esto. Me he dejado un factor muy importante: yo he engordado, en gran parte, por la pena.









