Hace unos meses vi una película de esas de “pensar poco”, mucha acción, tiros, entretenimiento, pero con un guión típico y poco profundo. La película en cuestión se titula “En el punto de mira“ y el protagonista es, si no recuerdo mal, un ex-soldado experimentado con un sentido ético y moral muy desarrollado que malvive como puede. Algo así como el justiciero del bien que trata de arreglar todo lo que le molesta.
Toda esta introducción sirve para explicar que el vídeo que encabeza esta entrada es un fragmento de esa película en la que se observa a una madre pegar a su hijo. Nuestro protagonista, justiciero donde los haya y sin reparos a la hora de expresar qué le molesta y por qué le molesta, acaba aplicando, ante la escena que observa, el mismo correctivo a la madre del niño mientras le dice a la madre: “Me molesta que los padres peguen a sus hijos“.
Huelga decir que cuando vi la escena me quedé atónito. “Es como House, que dice lo que piensa sin importar las consecuencias, pero en soldado”, pensé. Y me gustó, porque el mensaje que deja la escena es exactamente el que trata de mostrar: es violento e irrespetuoso dar cachetes a un adulto y es igual de violento e irrespetuoso hacerlo con un niño.








