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Hablábamos hace unos días de la deshidratación en la infancia, y hoy nos referimos a otras situaciones en las que se ha de poner especial atención para no sufrir esta pérdida de líquidos y sales minerales, la deshidratación en el embarazo y la lactancia.
Durante el embarazo se producen numerosos cambios en el cuerpo de la mujer y se modifican sus necesidades nutricionales, aumentando las necesidades de líquido. Por tanto, es fundamental vigilar la correcta hidratación de las mujeres que esperan un bebé.
Durante la gestación se necesita beber más de lo habitual. Para hacernos una idea, dos terceras partes del peso ganado al final del embarazo son agua. Su cuerpo está afectado por cambios hormonales que desequilibran la regulación térmica, por lo que es fundamental una buena hidratación.
Dentro de las recomendaciones nutricionales para este periodo, una de ellas es una adecuada ingesta de líquidos, a través de las bebidas y alimentos que componen la dieta. Esto facilita la eliminación de toxinas, la digestión de los alimentos y la depuración del organismo.
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