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Seguimos, dentro de nuestro Curso de maternidad y paternidad, repasando y analizando algunas de esas frases no convenientes que, casi como muletillas, los padres podemos estar tentados a usar. Una de ellas es “lo digo yo y punto”.
Los niños a veces no quieren hacer algo necesario: vestirse adecuadamente, subir a casa del parque, comerse las verduras o ponerse el abrigo aunque creamos que hace frío. Y eso llega a ponernos nerviosos por muy tranquilamente que hayamos comenzado la conversación.
Somos humanos y tenemos nuestros límites. La paciencia, la regla de oro de la crianza, no es infinita, aunque, la verdad, para los padres es la mejor de las fortalezas. Pero, admitámoslo, los mejores padres del mundo también llega un momento en el que tienen que zanjar una situación cuando han agotado todos sus recursos.
Pero, si nos acordamos de cuando erámos niños, seguro que nos molestaba ese “lo digo yo y punto” que tuvimos que escuchar. Una frase odiosa que te dejaba con un sabor de boca malísimo, y con la idea de que nuestras opiniones no importaban a nadie, que la autoridad de los padres no se sustentaba en la razón, sino en el poder. Una frase que transmite injusticia y falta de valor.
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