¿Se pueden comparar los hijos con los pimientos de Padrón: que unos pican y otros no?
Cuando un libro tiene este agresivo título cuya idea central es: “los hijos son como los pimientos de Padrón, unos pican y otros no”, me despierta bastantes recelos de entrada, porque responde a la línea tan de moda de insultar a los niños e intentar meternos miedo a los padres: “el pequeño tirano”, “el dictador en casa”, “SOS: adolescentes”, etc.
Rosa Jové comenta en sus conferencias, con mucho humor pero contundencia, que estos calificativos son anticonstitucionales porque no respetan la dignidad del niño, y que en cambio, no encontramos expresiones que critiquen y humillen a los padres en la misma medida: “son unos histéricos que pierden los papeles continuamente”, “sólo ven a sus hijos por la noche y esperan que molesten poco”, “no tienen ni idea de lo que sienten sus hijos”, “les dejan hacer lo que quieren para no molestarse en enseñarles“, etc.
Pero como no es bueno juzgar sólo por las apariencias, he seguido informándome más sobre el libro con varias entrevistas que os incluyo abajo, y he cambiado bastante mi impresión inicial.
El autor es Emilio Pinto Rodríguez que preside la Fundación Internacional O´Belén por la que han pasado más de 5.000 casos de chicos con problemas de comportamiento y matiza que el “picor” o no depende, principalmente, de la educación que reciban de niños y que aunque no se puede garantizar el resultado de forma absoluta, es más probable que un niño pequeño que reciba una buena educación no sea conflictivo cuando crezca, o que no lo sea excesivamente.
He seleccionado estos interesantes comentarios del autor sobre cómo educamos a nuestros hijos, el papel de la tribu, los límites, el sentido común y el consumismo:
“Hay que tener claro que, para educar a un hijo, es tan importante la letra, como la música. Y me explico. Es tan importante lo que decimos como el cómo se lo decimos. No es lo mismo decir a un niño: “Has hecho mal la cama, la puedes hacer mejor”, que “eres un vago que no haces nada bien”.
“Para educar necesitamos a la tribu entera. Educa el padre, el profesor, la vecina, el conductor de autobuses, el que vende periódicos… Todos educamos, lo que pasa es que nos da miedo lo que nos puedan decir los demás. El gran fracaso de la escuela es tener en cuenta que, por lo primero que aprendemos en la vida, es por curiosidad y los niños ahora mismo sienten más curiosidad por el mundo tecnológico, que debería entrar en el aula para atrapar la atención del alumno.”
“Cada vez nos convencemos más de que el límite es necesario y superar la frustración también. Los padres que queremos lo mejor para nuestros hijos deberíamos entender que el padre no es un cargo que se elija democráticamente, gracias a Dios. Además, tenemos que entender que ser padre es ser, a veces, antipopular, porque tienes que sacar lo mejor de tu hijo y, para eso, hay que decirle que no siga sus instintos, sino su razón. Un padre se tiene que preocupar cuando crea que hay algo que le está haciendo mal a su hijo.”
“No hay un niño igual, pero les digo que es bueno dialogar. Los padres deben supervisar y poner límites a sus hijos, que no vean la tele o naveguen por Internet solos.”
“El sentido común de los padres actual está muy por debajo del que había hace veinte años. Los medios de comunicación son, a veces, ventanas abiertas a basureros. Nos dicen que se gana dinero criticando al otro, que es bueno consumir, que es bueno el que más tiene. Entonces los padres, inmersos en esa filosofía, le compran al niño 25 juguetes para Reyes, porque creen que así su hijo va a ser feliz, cuando lo que siente es como si se hubiese comido 25 pasteles. No puede asimilarlos, y, en vez de ponerse malo del estómago, se pone malo, de alguna manera, de la cabeza.”
“El problema está en que no queremos que los niños sufran y no dejamos que aprendan a superar las frustraciones. Si se le muere el perro y ponemos otro en su lugar de inmediato, no le dará tiempo a valorar la despedida. El libro habla de la paga, del síndrome del mayordomo, es decir, de ese padre que está al servicio del hijo.”
Bueno, pues el autor lanza importantes mensajes para que cada uno reflexionemos sobre nuestra relación y comportamiento con nuestros hijos.
El Sr. Pinto sí conoce Creo que no conoce los estudios de James Prescott con 49 tribus de todo el mundo y que demuestran que los grupos poco afectivos con sus hijos y con muy poco contacto piel con piel presentaron altos niveles de violencia en la edad adulta, y sin embargo, la agresividad era casi nula entre los pueblos que mantenían un contacto muy estrecho. Esto mismo lo explica Punsent en el documental con hormonas y redes neuronales de placer o dolor.
Es decir, si queremos que nuestro hijo “no pique” de adolescente empecemos desde bebé con tiempo, amor y contacto. El niño tirano no nace, sino que se hace.
Más vale prevenir que luego suplicar que venga la Supernanny.
Por cierto, ¡ya se han vendido más de 15.000 ejemplares¡
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Me llamo Emilio Pinto y soy el autor del libro, agradezco que al menos me haya dado el beneficio de la duda y haya leído algún artículo, aunque yo le recomiendo que lea el libro entero. Y ya que se puede aprender por adhesión o por rechazo, lo haga con todo el libro. Por otro lado no solo he leído a James Prescott, también he vivido en África. El libro lo que quiere es ayudar a los padres y eso es una forma de ayudar a los niños.
Gracias Sr. Pinto por sus comentarios y por respetar mis reflexiones sobre el título de su libro. Precisamente incluí 2 entrevistas con usted para que los lectores tuviesen más fuentes para crearse su propia opinión.
Ya he corregido lo de Prescott. Y acepto el reto: leeré el libro entero.